AURKEZPENA KATAKRAKEN/ PRESENTACIÓN EN KATAKRAK, IRUÑEA(EHK)

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September 9, 2020 · 10:52 am

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AURKEZPENA/PRESENTACIÓN

Aurkezpena/Presentación
27 de agosto a las 20:30/abuztuak 27 20:30 etan
Animatu eta parte hartu!
Nire Youtube kanala/Mi canal de Youtube:
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Entrevista/Elkarrizketa sobre el libro Ecologismo Integral:

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TIEMPOS DE SUMISIÓN, DESINFORMACIÓN Y AUTORITARISMO

autoritarismo

Fuente de la imagen: Diario Público

No hace falta ser ningún cerebrito para darse cuenta de que con el tema del COVID-19 nos están dando gato por liebre, y esto, es profundamente grave y triste. La sociedad del Estado español se ha convertido en estos últimos meses, en un juguete para políticos y patronal, un ente sin voluntad alguna que es manoseado por unos y por otros sin ningún tipo de complejos.

 

Este 2020 está siendo toda una fuente de datos sociológicos para documentar  el sonambulismo que sufre nuestra sociedad. Según un artículo de El País: Un estudio publicado en el European Heart Journal duplica la estimación actual del número de muertes prematuras producidas por la contaminación del aire en el mundo: incrementa los 4,5 millones actuales a 8,8. Con estos nuevos cálculos, la polución sería más letal que el tabaco, que causa siete millones de muertos anuales indica la OMS. Este extracto del artículo lo que viene a evidenciar, es que en todo el mundo se espera que millones de personas mueran por enfermedades derivadas de la contaminación, eso sin contar, ya que no existen datos concretos al respecto, cuánta gente que muere de cáncer, podría no haber muerto si no hubiese comido, bebido o respirado una serie de sustancias que envenenan nuestro cuerpo día tras día. Pero qué duda cabe, que tener acceso a esta información no es para nada rentable, ya que de ser públicos esos datos y de hacerse estudios pormenorizados al respecto, se les acabaría su chiringuito, un chiringuito, que causa millones de muertos y que se llama capitalismo.

A día de hoy, nos llaman a la responsabilidad, a la obediencia, y nosotras como ovejitas obedecemos sin pestañear. Desafortunadamente, no nos revelamos frente a unas medidas que tienen mucho que ver con los recortes, que esta misma clase política, llevó a cabo en hospitales y sistema sanitario en general. Con estas actitudes sumisas, hemos colocado las primeras piedras para que sean los fascistas de VOX y los abanderados de las teorías conspirativas, la primera línea de oposición frente a las medidas de un gobierno que está haciendo lo que haría cualquier gobierno en el mundo moderno; mentir, manipular a la población civil y utilizar el monopolio de la violencia como garante de su orden.

No buscaré en este texto enumerar todas y cada una de las incongruencias que hemos vivido durante esta pandemia, ya que solamente tirando  un poco de hemeroteca, podemos apreciar el hedor que desprende toda esta historia. Hedor que tiene nombres y apellidos, el mismo se llama dinero de nombre y vacuna de apellido. Esta suma de nombre y apellido no tiene otro objetivo que lucrarse de una enfermedad- que no sabemos, por cierto, de dónde viene a ciencia cierta-.

Por otro lado, es importante destacar que al afectar esta enfermedad, también a los países del norte, las farmacéuticas y todos sus lacayos se han volcado en el desarrollo de esta vacuna, cosa que es destacable, si tenemos en cuenta la actitud de estas corporaciones frente a enfermedades como el zika, el dengue, el ébola u otras muchas dolencias, que afectan principalmente, a los pueblos del sur. 

Pues bien, no hace falta ser ningún cerebrito para darse cuenta de que con el tema del COVID-19 nos están dando gato por liebre, y esto, es profundamente grave y triste. La sociedad del Estado español se ha convertido en estos últimos meses, en un juguete para políticos y patronal, un  ente sin voluntad alguna que es manoseado por unos y por otros sin ningún tipo de complejos.

Su discurso bañado de heroísmo, ha calado en una opinión pública que no se para a pensar dos veces el mundo que les rodea, algo que por cierto, comienza a ser una señal inequívoca de lo difícil que lo tenemos, por no decir imposible, aquellas personas que queremos y buscamos modificar y cambiar este sistema por uno más digno y ecológico.

En este contexto de distopía asentada, las multas y la policía vecinal comienzan a ser el pan nuestro de cada día, un pan duro e incomible que se hace bola y se queda en la garganta como un nudo sin posibilidad alguna de ser desenredado. Mientras tanto, ningún partido político ni en Euskal Herria, ni en el resto del Estado, se atreve a poner en tela de juicio las medidas que se están implantando, y cómo estás, golpean de manera clara nuestros derechos sociales y civiles más básicos.

Si la Sanidad se colapsa que pidan perdón por los recortes y pongan remedio, si no tienen medios físicos para evitar las aglomeraciones en el Metro de Madrid, que lo cierren o que contraten a más gente, en vez de comprar armas, así de claro. De la misma forma que el agua es transparente, la política debería de serlo, aunque desgraciadamente, esto es igual que pedirle a un niño de dos meses que no se haga las necesidades encima. Y esa mierda que encontramos en multitud de pañales, es la que ahora mismo nos salpica en la cara y nos hace olvidarnos de lo único que tenemos, unas pocas migajas de libertad que si todo sigue así, se convertirán en polvo y desaparecerán por completo.

Por todo ello, yo lo tengo claro, es hora de revelarse contra los moralistas que intentan ponernos como cabeza de turco, es momento, de decir alto y claro que asumimos por responsabilidad pública cierto tipo de situaciones o restricciones. Por ejemplo llevar mascarilla en espacios cerrados, eso sí, es hora de cuestionar el tener que llevarla en pleno verano al aire libre. O también y vinculado con la anterior, coordinarse para no tener que pagar las multas. Para ello, tenemos una herramienta fundamental; la  desobediencia civil pacífica, un derecho democrático que ha servido a lo largo de la historia para desobedecer las leyes injustas. En último punto, es imprescindible exigir toda la información sobre la veracidad de las pruebas relacionadas con el COVID-19, cuestionando al mismo tiempo, la obligatoriedad de las mismas o de la futura vacuna.

Para acabar quería dejar bien claro, que yo NO cuestiono la veracidad de este virus, pero lo que sí cuestiono, es la forma en la que se ha tratado políticamente y mediáticamente. Si hablamos de COVID para referirnos a una pandemia, es hora de hablar del cáncer y de muchas enfermedades respiratorias o cardiovasculares de la misma forma, es decir, como pandemias derivadas de la contaminación ambiental y de la alimentación que tenemos en el mundo capitalista.

Iruñea (Nafarroa) 3 de Agosto de 2020

Fuentes para la elaboración del artículo:

https://elpais.com/sociedad/2019/03/12/actualidad/1552394039_304954.html

 

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LA CUESTIÓN NACIONAL DESDE LA TERRAZA DE UN BAR MADRILEÑO

politocracia

Fuente de la imagen: Politocracia

No tienen ningún interés en empatizar con catalanes, vascos o gallegos. Más bien lo que pretenden, es llevar su argumento hasta el fin del mundo con una bandera globalista que asoma el rojigualda por debajo de sus costuras.

Lo primero que me gustaría decir es que las identidades se construyen basándonos en sentimientos, que no, en torno a cuestiones étnicas, por lo menos en lo que se refiere al Estado español. Ahora bien, soy más que consciente que dependiendo del territorio estatal en que nos encontremos, la identidad española se siente y se vive de una u otra manera. En mi tierra por ejemplo, es absurdo no reconocer que un porcentaje altísimo de la población se siente firmemente representada por el proyecto español, ya sean estos de izquierdas o de derechas. Por ello y por mucho que me duela, aunque siempre lo haré, hablar de castellanismo en estas latitudes es como hablar a un terraplanista de la veracidad de la carrera espacial – con esto no quiero decir que no se deba de hacer, de hecho, es una necesidad en los tiempos que vivimos-.

Dicho esto, me lanzo a escribir un artículo motivado por una serie de conversaciones que tuve hace unos días con familia y amigos, en definitiva, con gente que me importa pero que no representa para nada ni mis ideas, que tampoco, mi forma de entender la cuestión nacional. El que suscribe estas líneas, es de esos bichos raros madrileños que no se siente español y que se agarra con uñas y dientes a su pasado castellano, y desde el mismo, se empeña en defender la necesidad que tenemos los y las castellanas de construir un relato propio en nuestra tierra, un terruño, el que por cierto miro de reojo desde mi hogar navarro.

Mientras que escribo estas líneas puedo divisar la sierra norte madrileña, la bola del mundo es testigo de este texto, al igual que mis oídos fueron testigos de unas conversaciones amenas a la par que estériles. Y es que por mucho que me fastidie, por mucho que me cueste reconocerlo, soy un extranjero en mi propia tierra. Un nativo con aires de forastero, que defiende en el corazón de la hidra las ideas de otros pueblos que se ven desde aquí como esos nacionalistas que solo buscan la independencia por egoísmo, que no por rigor histórico o derechos culturales.

Y no es solo eso, desde Madrid no es que mucha gente de izquierdas defienda el terrorismo de Estado que practicaron los GAL-la gente de derechas si lo defiende sin complejos-. Pero lo que sí defienden, es que en tiempos excepcionales se pueden cometer hechos excepcionales. Por lo tanto, del mismo modo que lo hicieron los alemanes con la RAF, por que no lo iba a hacer el PSOE con ETA. Entenderá el lector o lectora que se encuentre por encima del Ebro, que este racionamiento es algo como mínimo escandaloso, pues bien, el tema es que en mi tierra es algo normal decir esto y que nadie se eche las manos a la cabeza.

Si sigo desgranando aquellas conversaciones, puedo decir cosas como que el euskera se considera una lengua que debería estar supeditada al castellano, que los catalanes hablan catalán por joder a los españoles o que si tiene que haber un referéndum de autodeterminación, han de ser todos los españoles los que deban de participar en ese evento y no solo los pueblos vasco o catalán. Todas estas premisas se hacen difíciles de contrarrestar cuando los que escuchan no quieren escuchar, es decir, no tienen ningún interés en empatizar con catalanes, vascos o gallegos. Más bien lo que pretenden, es llevar su argumento hasta el fin del mundo con una bandera globalista que asoma el rojigualda por debajo de sus costuras. Más difícil es aún por no decir intratable, defender ciertas ideas como el acercamiento de presas vascas o la injusticia que supuso la represión policial y judicial que se ha vivido durante el proceso soberanista catalán de octubre de 2017.

Es complicado querer una tierra que sientes que nunca te querrá a ti. Por un lado, tu lugar de nacimiento siempre te verá como ese “traidor”-y pongo muchas comillas- que defiende a los secesionistas y que vive anclado en la radicalidad, del otro lado, donde vivo, en Nafarroa, siempre seré ese madrileño que emigro de su tierra por unos motivos que incluso mucha gente no alcanza siquiera a comprender. En definitiva, me siento como un proscrito con una identidad de nacimiento impuesta y aceptada por una gran mayoría de mis paisanos- la española- y unas ideas de adopción que he adquirido a lo largo de mi trayectoria vital- las ideas comuneras, antifascistas e internacionalistas-. Jodido panorama, en definitiva, tenemos todas aquellas personas que hemos nacido en la capi pero que confabulamos con las causas vasca, catalana o gallega.

Estas vacaciones han sido varias las veces que he intentado hacer entender vuestras/nuestras ideas, las ideas de aquellas personas que estamos por el derecho a decidir, por la investigación a Felipe González, por la defensa del euskera o por la condena de todas las violencias que ha sufrido el pueblo vasco en su camino hacia la independencia plena.

En conclusión, soy y seré un madrileño con toques de forastero que no cesará de defender las causas justas y dignas, y como decía Diamantino, ese cura andaluz cercano a los jornaleros; no hay causas perdidas, si no causas difíciles, pero son tan justas que algún día las conseguiremos.

Al escribir estas palabras me han venido a la cabeza personajes como Perico Solabarria o Lucio Urtubia, dos mastodontes del pensamiento crítico que siempre supieron estar del lado de los y las más indefensas. Pero del mismo modo que me he acordado de ellos, he de decir que si algo me ha quedado claro durante estos días, es que España es un Estado fallido. No lo será en su aparato legislativo o represivo, pero sí lo es en sus cimientos. Estos cimientos, no son otros que nuestros sentimientos, y que duda cabe, que los mismos se alejan mucho de esos símbolos y esas estructuras que nos niegan el derecho a ser quien queremos ser. Por tal motivo, escribo estas reflexiones que no pretendo que sean malinterpretadas o confundidas, sino que las mismas, buscan desde la mayor honradez posible expresar la frustración de una persona que vive entre dos mundos enfrentados, sus ideas y la gente a la que quiere de toda la vida.

Es por este motivo y para terminar, por lo que no se a donde me llevará la vida o si algún día tendré que volver a esa tierra, lo que si sé, es que con todo el dolor del mundo trataré de seguir construyendo mi vida en Euskal Herria. Lugar al que sé que no pertenezco, pero en el cual y con el tiempo, pretendo sentir, no diré como mío, pero si al menos como un hogar en el que echar raíces.

Estas palabras son amargas y difíciles de expresar cuando sabes que las mismas no van a ser comprendidas por mucha gente a la que quieres. Por esa razón, soy más que consiente que este escrito solo podrá ser comprendido por aquellas que hayan vivido algo similar o parecido, sea como fuere, no podía dejar de expresar unas ideas que no son más que sentimientos profundos y duros de un hombre que se fue para no desfallecer, que emigró para no olvidar y que se quedó, para construir un futuro donde se sienta una pieza más del puzzle, que no, una china en el zapato de aquellos con los que convive día a día por las ideas que procesa.

Artículo escrito en Madrid pero revisado y publicado en Iruñea a 26 de julio de 2020

 

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FEMINIZAR LO MASCULINO COMO URGENCIA SOCIAL

Lavacaorg

Fuente de la imagen: Lavaca.org

 Es momento de quitarnos las caretas de tipos duros, de dejar el paquete dentro de la bragueta y de aprender a deconstruirnos y a resurgir de esas cenizas. Un polvo revitalizador que tiene que basarse en los cuidados, ya que solo con los cuidados y con la defensa de los mismos, podremos liberarnos de esa pesada armadura que a todos nos pesa y que se llama patriarcado.

 

Es la primera vez que me lanzo a escribir sobre un tema de estas características, y lo hago, desde el mayor respeto y humildad posible, siendo consciente al mismo tiempo, de los privilegios que tengo como hombre occidental. Dicho esto, intentaré hacer un breve boceto de una idea, que cómo digo en título de este artículo, supone una urgencia social a la par que una acción profundamente revolucionaria.

Vivimos unos tiempos locos dónde si algo debemos de reivindicar son los cuidados, los cuidados a aquellas personas a las que queremos y debemos de querer, no solo en los buenos momentos, sino también, en los malos. Desgraciadamente a lo largo del tiempo los cuidados siempre han sido ejercidos por las mujeres. Por ese mismo motivo, en el título de este artículo digo que debemos de feminizar lo masculino, ya que al contrario de lo que debería de suceder, en la actualidad lo que se ha puesto de moda ha sido masculinizar lo femenino, y eso desde mi punto de vista, es profundamente negativo. Debo decir en este punto, que la mayoría de los atributos de los que hemos hecho gala los hombres a lo largo de la historia no han sido precisamente positivos, me explico:

Los hombres siempre hemos estado centrados en nosotros mismos, al margen de cuidados que fueran más allá del nuestro propio, y muchas veces ni eso. Además, dentro de los círculos masculinos tradicionales casi siempre se ha cosificado a la mujer o se ha hecho proselitismo de cómo y con cuantas mujeres un hombre ha tenido relaciones sexuales. Esto son solo un par de ejemplos que no conllevan nada de lo que enorgullecerse, más bien y en contraposición, suponen una serie de elementos con los que muchos hombres no nos sentimos a gusto. Por no hablar de que tenemos que ser fuertes, efectivos en las actividades manuales y amantes de los coches, las motos o el fútbol.

Es algo cómo poco sabido, pero se puede imaginar la lectora que aquellos hombres que no encajamos en esos esquemas de actitudes y comportamientos, tenemos algún que otro problema para relacionarnos con esos hombres que se encuentran en esas dinámicas, las cuales por cierto, suelen estar sazonadas de bastante competitividad y testosterona.

En pleno siglo XXI emerge con fuerza el feminismo, algo que me parece muy positivo y necesario, eso sí, creo que a parte del trabajo que se hace desde el feminismo es más que necesario que los hombres hagamos también nuestro propio trabajo. Un trabajo, que es fundamental si queremos acompañar al resto de personas hacia un contexto donde lo que mande sea la igualdad y la solidaridad.

Por ello mismo, es hora de comenzar un viaje personal que no pasa únicamente por los grupos de hombres, sino que según yo lo veo, debe darse en uno mismo primero, y después, esa lucha ha de tornarse en colectiva y comenzar a influir sobre nuestros amigos y nuestro entorno más cercano. Es momento de trastocar los imaginarios masculinos desde la izquierda, toca ensalzar aquello positivo que siempre han representado las mujeres, y que a día de hoy, fruto de la masculinización de roles que se da en la sociedad comienza a perderse. Desgraciadamente el capitalismo patriarcal, trastoca todo tipo de imaginarios transgresores como pueden ser el ecologismo o el mismo feminismo.

¿Qué quiero decir con esto?

Quiero decir que del mismo modo que el ecologismo puede convertirse en una herramienta del liberalismo socialdemócrata, el feminismo puede, sin quererlo, poner al mismo nivel-en lo negativo- a hombres y mujeres-. Por ejemplo, no considero positivo que hayamos tenido una ministra de defensa mujer que en su momento se manchó las manos de sangre. Del mismo modo y en esa misma lógica patriarcal, nos encontramos a mujeres que ocupan puestos de poder en grandes empresas y que reproducen en sus puestos de trabajo las lógicas capitalistas, y eso según lo veo yo, no es positivo sino negativo. Considero que los hombres deberíamos de desprendernos de ese afán por mandar o hacer uso de la violencia, y en contraposición, deberíamos de abrazar aquellos aspectos como la sensibilidad, la empatía o el cuidado a nuestra gente, a nuestras hijas e hijos, en conclusión, a toda nuestra comunidad. Muchas pensaréis y mientras que esto siga así, ¿Qué hacemos? ¿Permitimos que solo los hombres ocupen puestos de poder?

No, para nada ese es el mensaje que quiero transmitir. Por ello he de decir, que considero que en el punto en el que estamos nuestra única salida pasa por construir una realidad más justa que critique esas instituciones reaccionarias, intentando al mismo tiempo, promover otras diferentes desde la horizontalidad en materia de vivienda, salud, trabajo o servicios. Instituciones radicalmente democráticas que nos permitan independizarnos del mal gobierno como dirían nuestras hermanas zapatistas.

Este es un texto dirigido principalmente a los hombres, a todos y cada uno de ellos, aunque muy especialmente a aquellos que militan en los ambientes de izquierdas. Es hora de asumir una profunda autocrítica y de hacer un ejercicio introspectivo que nos permita entender aquellos aspectos en los que debemos de mejorar urgentemente, si es que realmente, queremos ser agentes de cambio de un futuro que tiene y tendrá dos caras de una misma moneda. O bien por un lado, abrazamos la solidaridad y el ecologismo social, o bien por otro lado, tendremos la opción de vivir en un mundo egoísta y depredador con nuestra tierra y nuestros cuerpos.

No me cabe duda de que nosotros tenemos una serie de derechos a los que tenemos que renunciar para llegar a un contexto de equidad, de igual modo, qué todas las occidentales tendremos que renunciar a nuestros privilegios materiales y ecológicos si queremos construir un mundo norte-sur verdaderamente justo.

El tiempo apremia y el camino es largo y complicado, pero estamos en un momento histórico donde debemos y tenemos que construir otras masculinidades que sean más justas y “vivibles” para todos nosotros. Es momento de quitarnos las caretas de tipos duros, de dejar el paquete dentro de la bragueta y de aprender a deconstruirnos y a resurgir de esas cenizas. Un polvo revitalizador que tiene que basarse en los cuidados, ya que solo con los cuidados y con la defensa de los mismos, podremos liberarnos de esa pesada armadura que a todos nos pesa y que se llama patriarcado.

Lozoya del Valle (Castilla), 21 de Julio de 2020

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REFUGIADAS POLÍTICAS MADRILEÑAS EN EUSKAL HERRIAK

¿Tragicomedia o triste realidad?

No es casualidad que de mi generación sean varias las antifascistas madrileñas que residimos en Euskal Herriak. Muchas dirán que sufrimos de una “vasquitis crónica” o que huimos a pastos más verdes para no luchar en nuestros pueblos y barrios. Dicho esto, cada cual tiene su propio pasado y sus motivos para marchar, motivos, que creo que son difíciles de juzgar sin conocer la carga que han soportado ciertas espaldas, y que en casos como el mío, me ha llevado a emigrar a Euskal Herriak. Aun así, no podemos obviar lo duro que es abandonar a familia o amigos para llevar a cabo una apuesta vital que es profundamente ideológica. Salir de la zona de confort nunca es fácil, más aún, si tenemos en cuenta que en plena pandemia a muchas kanpotarras se nos ha hecho, un poco más difícil si cabe, sobrellevar ciertas situaciones teniendo a nuestros seres queridos a cientos de km de distancia.

Decir de seguido y en otro orden de cosas, que no es la intención de este artículo ensalzar a este país cómo un oasis para la izquierda europea o para el antifascismo contemporáneo. Ahora bien, aunque no sea un oasis, sí que al menos supone un charco en el que poder refrescarnos aquellas personas que nos cansamos de luchar contra molinos de viento en el corazón de la bestia.

En mi caso, los motivos de mi vuelta a este país, ahora en Nafarroa antes en Bizkaia- en total ocho años de mi vida-, tienen que ver con la posibilidad de poder llevar a cabo en el día a día una movilidad más sostenible, vivir en un espacio más vinculado a la naturaleza o tener la posibilidad de no verme abocado a tener que malvivir en un trastero con millones personas. Sin olvidar, que el residir aquí me hace no sentirme un marciano por apoyar la autodeterminación de los pueblos o la construcción de una sociedad radicalmente democrática, socialmente justa y ecológicamente sostenible.

Siempre seré madrileño, nunca renegaré ni de mi Región ni de mi gente, eso sí, vidas solo hay una y por eso prefiero desarrollarme como persona y pasar mi vida en este lugar que en mi propia tierra. Una tierra que por cierto es insostenible a nivel ecológico, y que además, se encuentra en estos momentos asfixiada por un españolismo rancio e intransigente, el cual desgraciadamente, también práctica cierta parte de la izquierda gata.

Tipos como yo, como dice Asel Luzarraga en el prólogo de mi libro, no dejamos de ser una suerte de exiliados político-culturales. Anacronismos de una capital que prefirieron emigrar antes que pelear día si y día también, sobre cuestiones que son ignoradas por los propios movimientos progresistas madrileños; la perdida de derechos culturales que hemos sufrido al ser despojados de nuestra castellanidad, el expolio absoluto que sufre nuestra sierra norte o algo tan sencillo, a la par que apabullante, como es la aberración ecológica que supone para el planeta nuestro “hogar” urbanita, son algunas de esas cuestiones que son intratables desde el rigor por una gran parte de los movimientos sociales de nuestra provincia.

Hablo de madrileños, porque es lo que soy, pero soy consciente que estas líneas pueden sonar familiares para muchas personas de Murcia, Andalucía, Extremadura, León, Aragón, Valencia, Cantabria, Asturias o del resto de provincias castellanas a parte de la madrileña. En este punto de la reflexión, conviene destacar un concepto que ya he trabajado en el libro y en otros textos. Nosotros y nosotras- todas las identidades antes mencionadas-, tenemos la mala fortuna de representar lo que podemos denominar la España sociológica. Este concepto no es otra cosa que la etiqueta que pongo a aquellos territorios que a día de hoy se sienten profundamente españoles y que suscriben a pie juntillas, y de forma mayoritaria, el proyecto hegemónico español.

Es necesario destacar en este punto, que cada vez existe más polaridad en la sociedad estatal y que mientras que unos se acercan más a la extrema derecha, otras se aproximan más a las posturas secesionistas. Mientras tanto, en este nuevo mapa sociológico los y las federalistas españolas juegan a la gallinita ciega, ejemplo de ello es el batacazo que han recibido en estas últimas elecciones Elkarrekin Podemos o la marca del partido morado en Galiza. Esta última reflexión evidencia, desde mi punto de vista, que solo hay un camino para mejorar a España, ese camino ha de llevar a la misma hacia la destrucción. Solo con ese paradigma, tendremos la posibilidad de armar desde los pedazos de dicho Estado la construcción de diversos procesos constituyentes en Catalunya, Galiza y Euskal Herriak, que con el tiempo, se extenderán en el resto de pueblos del Estado.

No podía escribir un artículo cómo este sin destacar el tema cultural en la Región de Madrid. Y digo cultural por no decir no-cultural. Hemos sido arrebatados de nuestras danzas, músicas, identidad, etc. En conclusión, nos han vendido nuestro día regional como el 2 de mayo, cuando el mismo debería de ser el 23 de abril, día de Castilla, nos han cambiado las jotas por el chotis y nos han despojado de las tascas del centro por los tablaos flamencos. En definitiva, si a un pueblo le roban su cultura, le han arrebatado lo más preciado, su identidad. Una identidad, la cual por cierto, ha sido sustituida por un españolismo amorfo con toques de globalismo liberal.

Da cuanto menos envidia sana, ver como en Euskal Herriak se ha mantenido ese patrimonio cultural, y cómo este, ha pasado de generación en generación. Un hecho que pone sobre la mesa cómo a parte del mantenimiento del legado cultural, se puede construir un relato identitario desde la izquierda y con un enfoque multiétnico. Todo un hito por cierto, si tenemos en cuenta desde qué perspectivas se defienden las identidades culturales en otros puntos de la vieja Europa.

Iruñea 13 de julio de 2020

Pedro A. Moreno Ramiro

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¿QUÉ ES LA IDENTIDAD NAVARRA?

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Fuente de la imagen: http://laromaclassica.blogspot.com/

El confinamiento parece que toca a su fin y poco a poco el COVID-19 deja de ocupar todas y cada una de las noticias o informaciones a las que tenemos acceso, por este motivo y por romper con la monotonía vírica, me lanzo a escribir un artículo que seguramente será polémico por dos motivos principales. El primero, porque el que escribe estas líneas es un “kanpotarra” –foráneo en euskera-. Un castellano que vive y trabaja en Euskal Herria(k) desde hace más de siete años pero que no ha nacido en esta tierra. El segundo motivo es genérico y transversal, ya que hablar sobre ¿Qué es Navarra? o ¿Qué son los navarros y navarras? siempre será un tema conflictivo, independientemente, de quien hable o escriba sobre el mismo.

Si a mí me preguntaran qué es ser navarra lo tendría claro, ser navarra es ser vasca, y no lo es por el hecho de que Navarra sea Euskadi, sino más bien, porque los vascones habitaban la actual Nafarroa al igual que otros territorios circundantes. Si nos trasladamos al terreno histórico, podemos afirmar que el Reino de Pamplona- posteriormente Reino de Navarra- supuso el primer sujeto político unitario que tuvieron los y las vascas, el mismo, fue fruto de la colaboración mutua entre vascones frente a francos y musulmanes, su primer soberano fue Eneko Aritza. Es importante decir en este punto, que es fundamental contextualizar históricamente las estructuras políticas, como por ejemplo un Reino, condicionando las mismas al momento y al lugar determinado en el que se dan, que no por el contrario, mirar y juzgar estas con nuestras gafas de personas del siglo XXI.

Si cogemos en otro orden de cosas el aspecto antropológico-cultural, podemos afirmar que los vascones ocupaban lo que vendría a ser la actual Nafarroa, La Rioja y la parte noroeste de Aragón, por otro lado, las zonas de lo que serían la actual Gipuzkoa, Bizkaia y Araba eran territorios que ocupaban tribus de Várdulos, Caristios, Berones y Autrigones- en una parte de Bizkaia-. Pueblos estos que según algunos estudios científicos estaban vinculados lingüísticamente con el vascón, de todas formas y por ser rigurosas históricamente, es importante enunciar que en esto último no existe ni mucho menos un ápice de consenso. Debido a que también existen voces de  estudiosas en la materia, que argumentan que estos pueblos fueron “vasquizados tardíamente” por los vascones. Sea como fuere y desde un punto de vista actual, no albergo duda alguna en considerar como zona de influencia vascona al famoso y tan extendido mapa de lo que sería Euskal Herria(k). Dicho mapa político-cultural englobaría lo que actualmente serían la CAV -incluido el Condado de Trebiñu- y la Comunidad Foral de Navarra. Por último y en lo que respecta a la cultura, podemos afirmar que los pueblos no son nada sin la misma, y que duda cabe, que la cultura vasca moderna comenzó a vertebrarse en Nafarroa de la mano de la lingua navarrorum, es decir, del euskera.

En otro orden de cosas, la historia de este pueblo tiene que tener en cuenta un momento histórico que fue crucial si queremos entender la situación política que vive Euskal Herria(k) en la edad moderna. El momento al que me refiero, fue el trágico error histórico que cometió el nacionalismo vasco de la época al adherirse a las tesis del bizkaino Sabino Arana Goiri, el cual  apostó por un proyecto político llamado Euskadi, sin tener en cuenta, que el euskera y los vascones bebían de aguas navarras y no bizkainas, aun así, el teórico bizkaitarra eligió apostar por un camino ideológico que me animo a denominar como “bizkacentrista”, si se me permite el término. De aquellos barros vienen estos lodos, ya que seguramente si la perspectiva político-cultural de esa época hubiese sido otra, hoy en día tanto Nafarroa como la CAV se verían tanto por el resto de los mortales, como por todas las vascas- CAV y Nafarroa-, como una misma unidad sociopolítica para construir un futuro colectivo.

Si entramos en el terreno de la simbología, he de decir que la ikurriña no me genera ningún tipo de sentimiento, más allá, del que se ha construido en los últimos años fruto de la represión franquista y de la ““democracia española””. Ahora bien, no podemos negar como diría el amigo A. Luzarraga, que la ikurriña es un símbolo que une a todos los territorios vascos en aras de un proyecto común. Sea como fuere y aún aceptando esta evidencia sociopolítica, he de decir que si algún símbolo han de acogerse los y las vascas desde una perspectiva histórica, el mismo, debería de ser el pendón navarro. Debemos y tenemos que entender que el Reino de Navarra supone un hecho histórico que nos permite desde una lógica moderna, defender la autodeterminación de Nafarroa como una nación con sus estructuras políticas que fue conquistada por otras dos naciones, la castellana y la aragonesa. Eso no quiere decir de ninguna manera, que dicha reivindicación histórica conlleve la aceptación de la monarquía como forma de gobierno para la Nafarroa actual.

Desde Tutera, tierra que habitó el clan vascón Banu Quasi hasta las Encartaciones todo es culturalmente Euskal Heria(k), de eso no hay ninguna duda histórico-cultural, eso sí, debemos y tenemos que ser conscientes de dos reflexiones que son fundamentales si queremos encontrar una solución política al conflicto identitario que vivimos en este país de diversidad. La primera, es que en la actualidad pese a que los vascones surgieron en Nafarroa las personas que más identitariamente vascas se sienten son aquellas que viven en la CAV, independientemente de su sesgo político.

Por el contrario, en Nafarroa todas son navarras pero no vascas, muchas de ellas son navarras y españolas y otras navarras y vascas. Este hecho que es una evidencia sociológica, supone un problema político para aquellas que defendemos la unidad política de los pueblos vascos, de ahí mi segunda y última reflexión. Sí queremos construir un relato común para todas las vascas-navarras tenemos y debemos de asumir que este es un país plurilingüe, como antaño lo fue el Reino de Nafarroa, donde conviven tres lenguas: francés, euskera y castellano. Eso no quiere decir que no debamos de luchar y perseguir el crecimiento y asentamiento del euskera en todos los territorios vascos, pero sí quiere decir, que igual en lugares cómo la Ribera navarra sería más fácil conquistar el relato de país desde los hechos históricos que desde las perspectivas lingüísticas. Son tiempos de cambios, por lo que los cambios estratégicos y de actuación política pueden ser fundamentales para construir una Euskal Herria(k) independiente y soberana, la que si por mí fuera, debería de ser de raíz libertaria, tronco ecosocial y copa feminista.

Zizur Nagusia 8 de mayo de 2020

Pedro A. Moreno Ramiro

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ECONOMÍA ECO-COOPERATIVA PARA PRINCIPIANTES

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Decrecimiento VS Marxismo

Mañana es 1 de mayo, supongo que será este uno de los motivos por los que me he decidido a escribir este artículo en un día como hoy, por eso, y también todo hay que decirlo, por una conversación que tuve ayer con un buen amigo. Pues bien, que el marxismo puede volver loco a cualquier ecologista es un poco la idea principal que pretende trasladar este artículo, y digo que puede volver loco a cualquier ecologista, porque su análisis se hace desde las gafas burguesas y productivistas. Es decir, todo sobre lo que teoriza Marx tiene al capitalismo y a su funcionamiento como medida de todas las cosas, ya sean estas materiales o no. Por ello, me he decidido a escribir un artículo sencillo y práctico desde la izquierda, una izquierda que no es socialdemócrata ni marxista, sino más bien, ecosocial y con un claro sesgo libertario, para que nos vamos a engañar.

La escasez, la inflación, el valor de las cosas, todo ello radica en una misma lógica, las pautas socioeconómicas del sistema capitalista, sea este estatal o interplanetario. En lo que a mí respecta, intento explicar la economía de una forma mucho más sencilla de la mano de la Cuarta Ley de la Termodinámica, postulado que por cierto, fue realizado por el economista rumano Gerogescu-Roegen y que afirma lo siguiente: “la materia disponible se degrada de forma continua e irreversiblemente en materia no disponible de forma práctica.

¿ Cómo traducimos esto de una forma clara?. No hay pan para tanto chorizo; los países occidentales somos los “chorizos” de recursos naturales y el pan es el planeta que agoniza por nuestras malas prácticas.

Creo que el anterior ejemplo simplifica lo que debería de ser la economía, eso sí, una economía sencilla y práctica; obtén del medio natural lo que necesites y aporta lo suficiente para que el mismo pueda regenerarse, o si queremos emplear la palabra correcta, hagamos todo lo posible para preservar su resiliencia. Eso mismo que debemos de ejecutar en el plano físico, se puede perfectamente extrapolar al ámbito social en conceptos, como por ejemplo, el valor de las cosas. El mismo desde mi punto de vista, supone un tema principal a abordar desde una economía no-capitalista, que tampoco productivista.

¿ Cuánto valen las cosas? ¿ Con qué bienes compras las cosas? ¿ Cómo hacer para que un intercambio de cosas sea justo?.

Igual es ser demasiado simplista, pero creo que las anteriores preguntas se resuelven de una forma simple y categórica una vez tengamos cubiertas las necesidades humanas de techo- con lo que conlleva-, alimentación, ocupación laboral y bienes para desarrollarnos social y personalmente. Por lo tanto, ese “valor de las cosas” quedaría reducido de una manera amplia y su excedente se basaría en aquellas cosas que compramos pero que realmente no necesitamos. Esto es en la teoría obviamente, en la práctica muchos seres humanos son profundamente avariciosos, y por eso mismo estamos en el punto en el que estamos. Por tal motivo y siendo conscientes de que estamos jugando en el descuento, no nos queda otra que cambiar nuestras pautas de vida y de consumo si queremos evitar el colapso; decrecimiento o ecofascismo, vivir con menos para que otros puedan vivir con dignidad, simples lemas que están repletos de contenido, pero como digo siempre, aprender a vivir con menos para evitar la catástrofe está en nuestras manos.

Antes de finalizar este pequeño “aperitivo” sobre lo que debería de ser la economía, me gustaría dejar claro que no digo que no haya que leer a Marx, lo que digo, es que no se puede pensar en construir una economía no capitalista cuando nuestro principal referente, lo único que hace es una crítica al capitalismo global para simplemente modificarlo y convertirlo en un capitalismo estatal. Como dirían los andaluces: salimos de Málaga para meternos en Malagón. Por ello, considero que el nuevo paradigma que debemos de crear no ha de partir desde presupuestos utópicos, sino más bien, desde la urgencia pragmática que tenemos sobre la mesa si pretendemos salvar a nuestra especie, y digo a nuestra especie, porque con o sin nosotras seguramente el planeta podrá prevalecer unos cuantos miles de años más.

Zizur Nagusia (Nafarroa), 30 de abril de 2020

Pedro A. Moreno Ramiro

Fuente de los datos:

https://valeacosta.wordpress.com/fisica/cuarto-perido/termodinamica/leyes-de-la-termodinamica/cuarta-ley-de-la-termodinamica/

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CASTILLA, UNA NACIÓN MÁS DEL MEDIEVO EUROPEO

Por la identidad de un pueblo ahogado en las aguas del españolismo

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Fuente de la imagen: ASC-Castilla

Escrito con motivo del día nacional de Castilla del próximo 23 de abril de 2020

Aunque para nada soy seguidor de las teorías del filósofo y sociólogo polaco Zigmunt Bauman, lo que sí que puedo afirmar sin ningún género de dudas, es que las identidades nacional/culturales son líquidas, y que las mismas, se han ido modificando a lo largo de la historia de la humanidad: pictos, anglos, celtas, íberos, etc. Pero como dirían las “entendidas” en el ámbito científico, la materia no se destruye sino que se transforma, por ello, de esas raíces culturales del pasado tenemos las identidades nacionales del presente. Identidades, de las cuales no deberíamos renegar, sino más bien, analizar con espíritu critico y hacerlas nuestras en la medida de lo posible.

Desgraciadamente, en muchos lugares de Occidente la globalización ha conseguido que abracemos cultos de Oriente, o que hagamos propias culturas ajenas. Por estos motivos y en plena crisis civilizatoria, yo reivindico la cultura del trabajo cooperativo, de los concejos abiertos, de las dulzainas y panderetas, de nuestras gachas, migas, trigales y montes, en definitiva, reivindico desde el comunitarismo a nuestro pueblo y a su tierra. Como diría el escritor castellano Miguel Delibes: “Mis campesinos, mi tierra… A las raíces iniciales que me ataban a mi ciudad, había que ir añadiendo otras nuevas de las que nunca podría ya desasirme: mis queridos muertos, mi familia, mis amigos, mi Norte de Castilla, mi Escuela de Comercio, mis calles de todos los días, mis campesinos, mi tierra…”.

Pues bien, mi país surgió como unidad política allá por el siglo IX tras la independencia del Reino de León, o sea que sí, las castellanas no somos leonesas, ni las leonesas son castellanas. En lo que a mí respecta, soy de aquellas comuneras que no pretenden anexionarse territorio alguno, es decir, una persona es de donde se siente, y está claro, que León por multitud de motivos poco o nada tiene que ver con nuestro pueblo o nuestra tierra en la actualidad. De hecho, no encuentro complejo alguno en reconocer que la historia leonesa es anterior a nuestra existencia como pueblo. Conformación cultural que como he dicho anteriormente, es una suma de culturas pasadas que con el tiempo cristalizarían en la castellana.

Territorio castellano, que en la antigüedad era denominado Bardulia, “tierra de bárdulos”- tribu que habitaba en el norte de la Península-. Cabe decir que aparte de lo mentado anteriormente, nuestra tierra en su origen más primitivo fue repoblada por habitantes de origen astur, vascón o cántabro. Dicho esto, es importante destacar desde el máximo rigor, que resulta difícil en la actualidad encontrar a personas originarias de Cantabria, que así mismas se consideren castellanas. Su pasado es anterior al nuestro, y si somos rigurosas desde un punto de vista antropológico, seríamos nosotras las que como sujeto humano evolucionamos culturalmente, que no a la inversa. El pueblo cántabro ya fue mentado en las crónicas romanas siendo él mismo propietario de personajes históricos que lucharon contra el yugo romano, como es el caso del cántabro Corocotta. Personaje histórico del (siglo I a.c) del que tenemos conocimiento gracias al historiador romano Dión Casio. ¿Por qué digo esto?sencillamente porque las castellanas mayoritariamente compartimos un pasado muy ligado a cántabros o astures, ya que fueron estos pueblos el germen primero de lo que luego evolucionaría y se convertiría en Castilla.

En pleno siglo XXI las identidades son un tema de lo más recurrente en un contexto neoliberal, donde el colapso ecológico, social, económico y político son una realidad. Ejemplos de dicho colapso serían: la recurrente crisis hídrica que vive el Estado español o la reciente crisis del COVID-19, dónde ésta última, pone sobre la mesa los problemas de un mundo “hiperglobalizado”.

Siempre he defendido a mi cultura desde un punto de vista cultural y no de antigüedad, ni de reyes ni reinas. Ya que como he expresado en varios artículos, de ir por esos derroteros, ni vascas, ni castellanas, ni gallegas, podríamos asentar unos cimientos sólidos para reivindicar nuestra nación.

El confinamiento que estamos viviendo estos días nos ofrece mucho más tiempo para leer o escuchar podcasts de toda índole. En definitiva, de documentarnos y finalmente de escribir. De ahí, estas líneas que intentan ser una guía no solo para mi pueblo, sino también, para entender el mismo desde Nafarroa y el conjunto de Euskal Herriak, que es el lugar donde actualmente vivo y trabajo, y por lo tanto, mi hogar.

Castilla surgió como condado vasallo leonés, y tras su independencia en el año 1065, su historia transcurrió sobre la base de una serie de anexiones y de repoblaciones fruto de la invasión musulmana. Esta última cultura, con sus diversos matices, ha ofrecido a nuestra tierra un nutrido patrimonio cultural. Al igual que lo ofrecieron romanos, vándalos, suevos o visigodos entre otros, aunque todos ellos fueran pueblos invasores.

Aquella que fue denominada tierra de castillos, mantiene sus castillos, pero ha perdido mucha de su población, y es seguramente de igual modo, uno de los territorios más golpeados por el españolismo más centralista y homogeneizante. Y sí, como he repetido en varias ocasiones y hasta la saciedad, Castilla creó a España y España destruyó a Castilla.

Dicho lo cual, y aunque no soy seguidor de Autonomías, Instituciones o burocracias, es importante destacar que hoy en día, las castellanas ni siquiera disponemos de una Autonomía propia dentro del Estado español, es más, aquellas que hemos nacido en regiones como la madrileña apenas conocemos nuestra identidad o nuestra historia pasada. Aunque ésta, aunque muchas no se den cuenta, está en nuestra vida cotidiana y en los símbolos autonómicos madrileños. Por ejemplo, el colegio en el que estudié, recibe el nombre del mayor dulzainero de nuestro país, Agapito Marazuela. De igual modo, como decía en torno a los símbolos de la región madrileña, el escudo de la Comunidad de Madrid refleja dos castillos que hacen referencia a las dos Castillas que nos rodean, y los cuales reposan, sobre el rojo carmesí que representa el color originario del pendón castellano.

Para finalizar, decir que este texto es una oda al pasado y una mirada al futuro. Un punto de inflexión donde de la mano de gestas pasadas como la de los comuneros de Castilla, pero también, de nuestras tradiciones culturales y de política comunitaria que hemos heredado, podemos y debemos construir un futuro más justo para los pueblos que habitan las Castillas.  Y digo las Castillas, porque desde Palencia a Ciudad Real, pasando por Madrid, tenemos particularidades de sobra para poder afirmar que Castilla es rica y diversa. Ahora bien, sólo le falta ser comunitaria, autónoma y soberana.

A continuación os dejo el enlace de una canción del grupo castellano “La M.O.D.A.” Recientemente una amiga me la recordaba por identificarme con ella, y sí, razón no le falta, ya que expresa la pobre suerte que vive nuestra tierra.

https://www.youtube.com/watch?v=GMGBK_qhPj8&ab_channel=LaM.O.D.A

Iruñea, 19 de abril de 2020

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