“LA MANO DE IRULEGI”: Un descubrimiento que desborda el relato del nacionalismo español foralista y del nacionalismo vasco de corte aranista.

Teoría para repensar el imaginario colectivo vasco: El “País Vascón”-Nafarroa- como matriz histórico-lingüística del pueblo vasco.

Fuente de la imagen: Diario de Navarra.

El día 14 de noviembre nos levantábamos con la noticia de que investigadores/as de la Sociedad de Ciencias de Aranzadi habían descubierto el texto más antiguo escrito en lengua vascónica (antecedente del euskera). La inscripción está escrita en un sistema gráfico procedente del ibero y consta de cinco palabras, la primera de ellas y por ahora la única descifrada es “sorioneku” (afortunado, bienaventurado). Esta afamada mano de bronce estaría datada en el siglo I a.C. -aproximadamente- y parece ser que el motivo de su buen estado sería a causa de un ataque -y posterior incendio- que recibió el poblado vascón de Irulegi en el contexto de las Guerras Sertorianas (guerra civil romana que se vivió en Hispania).

Pues bien, este hallazgo podría reforzar la hipótesis de que el ibero y el vascón estuvieran emparentados o fuertemente influenciados el uno con el otro. La teoría vascoiberista -algunas de sus afirmaciones hay que cogerlas con pinzas- es muy rica y posee diferentes líneas de investigación, estas irían desde las más antiguas representadas por Esteban de Garibay, quien en 1571 fue el primero en publicar algunas de las etimologías vascoibéricas, hasta otras más recientes como las que defiende el lingüista alemán Theo Vennemann, con su teoría del sustrato vascónico. 

Seguramente, y esto es una hipótesis fundamentada en lo que he estudiado al respecto, resulta muy probable que no solo el euskera y el ibero fuesen parte de una misma matriz lingüística, sino que también, podrían formar parte de la misma muchas otras lenguas europeas previas a la invasión indoeuropea. Pero como digo, esto no son más que elucubraciones e hipótesis que con el paso de las décadas o de los siglos podremos dirimir o ¿quién sabe?, igual nunca lo sabremos. Lo que es un hecho, es que el descubrimiento de “La Mano de Irulegi” acerca la yesca a las teorías próximas a que el euskera es una lengua aborigen de Iberia y territorios circundantes y la aleja de aquellas otras teorías como la vasco-caucásica o la vasco-bereber, que también de otras muchas más popularizadas, como la que indica que el euskera habría llegado a Nafarroa desde Aquitania. Hipótesis que choca de bruces con el nuevo hallazgo, ya el aquitano estaría testimoniado entre los siglos I y III d.C. y el descubrimiento de Irulegi se emplazaría en el siglo I a.C. Por lo cual, es importante preguntarnos: ¿Tenemos que seguir las teorías existentes sobre el origen del euskera al pie de la letra? En mi caso, creo que no es así y que deberíamos ir renovando las mismas según fuésemos teniendo más evidencias científicas.

Dicho esto, y volviendo a la teoría de la posible relación que podría existir entre la lengua vascónica y el ibero, es importante recordar que del ibero solo conocemos su alfabeto, pero no sabemos lo que significaban sus palabras, por el contrario y debido a la supervivencia del euskera, sí podemos identificar y traducir la primera palabra de la inscripción de “La Mano de Irulegi”, que pese a utilizar el alfabeto ibero, está escrita en lengua vascónica. Una de las evidencias por la que podemos aseverar que la inscripción está en lengua vascónica, radica en la presencia de la “T” en el hallazgo, ya que este símbolo no aparece en el alfabeto ibero. El hecho de que los vascones utilizaran el alfabeto ibero pone sobre la mesa la posibilidad, como ya he dejado entrever con anterioridad, de que el protoeuskera y el ibero estuvieran emparentados o ampliamente influenciados.

Este nuevo descubrimiento arqueológico y frente a las inexistentes pruebas de poblados de carácter vascón o de vestigios protoeuskerikos de similar antigüedad en la CAV (Comunidad Autónoma Vasca), desbloquea el camino a diferentes hipótesis hasta la fecha radicalmente rechazadas como la de la vasconización tardía. Otro de los ejemplos que tenemos en territorio vascón sobre descubrimientos que vinculan el protoeuskera al emplazamiento original que ocupaban los vascones, son las cecas vasconas – Baskunes, Ontikes, Unambaate, Bentian, Arsakos, Arsaos, Olkairun o Tirsos-. Existen también otras evidencias que constatan el uso del proteuskera en territorio vascón, como es el descubrimiento en 2008 por el profesor Javier Velaza, de una inscripción en la localidad navarra de Olite/Erriberri. Velaza en su trabajo “EPIGRAFÍA Y LITERACY PALEOHISPÁNICA EN TERRITORIO VASCÓN: NOTAS PARA UN BALANCE PROVISIONAL” expone lo siguiente:

“Al sudeste de Andelo, y en un territorio que hasta ahora tampoco había proporcionado epigrafía prerromana, en Olite, ha sido descubierto hace muy poco un testimonio extraordinariamente interesante, aunque por desgracia también incompleto.26 Se trata de un fragmento de inscripción sobre soporte pétreo y escrita en sentido sinistrorso (fig. 2). A pesar de lo disminuido de su texto ]en : s[, parece suficiente para descartar que su lengua sea la celtibérica, en la que no hay finales en -n ni inicios de palabra en s-, de modo que también resulta dudoso que su signario sea el celtibérico. Quedan abiertas, en tal caso, dos posibilidades: la de que signario y lengua sean ibéricas y la de que el signario sea de ascendencia ibérica y la lengua sea vascónica —lo que se compadece bastante bien con un final de palabra en -en, como es sabido—. Lamentablemente, poco más se puede deducir de un documento que se nos ha conservado en condiciones tan precarias.”

He de decir que nada descarta que existan restos arqueológicos que confirmen la presencia de lengua protoeuskerika en tierras gipuzkoanas, alavesas o bizkainas. Por ahora y en 2022, no existen evidencias científicas que confirmen su presencia en esos emplazamientos. Cierto es, que al hilo de esto que comento y por ser rigurosos, debemos tener en cuenta que en una parte de Gipuzkoa -Oarsoaldea- vivían los vascones.

Es evidente que el hallazgo de Irulegi, de las monedas vasconas o de la tablilla de Olite (todos ellos en territorio navarro), dan pie a la especulación de una llegada tardía del euskera a la actual CAV (Comunidad Autónoma Vasca). Esto no quiere decir, por otro lado, que las tesis íntegras de la vasconización tardía sean ciertas. De hecho, después del descubrimiento de Irulegi y otros como los de la tablilla de Olite, podemos llegar a aseverar -como ya he mencionado antes- que la hipótesis de que el euskera entró en Navarra desde Aquitania y de ahí pasó a la CAV, sería rotundamente falsa. Algunas otras hipótesis sobre la vasconización tardía, que podemos “coger con pinzas” pero que pueden ser útiles tras el descubrimiento de Irulegi, son las del ministro de la Segunda República e historiador castellano Claudio Sánchez Albornoz, que consideraba que los vascones habían invadido, después de la caída del Imperio Romano en Hispania, los territorios que ocupaban los várdulos y caristios empujándolos hacia Castilla. Una de las curiosidades que se vinculan con la hipótesis de Sánchez Albornoz, es que las fronteras dialectales de los actuales euskalkis marcarían las lindes de las viejas tribus primitivas (várdulos y caristios). De esta manera y según sigue especulando el historiador madrileño, las tribus de várdulos y caristios tras la llegada de los vascones tomarían el euskera como idioma y lo adaptarían a partir del siglo V creando sus propias formas dialectales. Dialectos vascos que se conservan en nuestros días. Otra efeméride que se puede destacar al hilo de lo que comenta Albornoz, es que el primigenio Reino de Castilla recibió el nombre de Bardulia o Vardulia. 

Por su parte, Koldo Mitxelana, nada defensor de la hipótesis de la vasconización tardía, nos indica en su artículo “Lengua común y dialectos vascos” publicado en 1981, que los dialectos no podían ser muy antiguos, debido a dos razones:

-El amplísimo número de características comunes en todos los dialectos. Lo que resultaría imposible si estos fueran muy antiguos.

-El gran número de innovaciones comunes en todos los dialectos. Circunstancia que resultaría muy difícil sostener de ser muy antiguo el fraccionamiento dialectal.

Estas razones, junto con las abundantes palabras provenientes del latín, las cuales han seguido una evolución similar en todos los dialectos, sería otra de las fundamentaciones por la cuales Mitxelena data la fragmentación dialectal en el siglo VI d.C.

El tema de la toponimia es uno de los argumentos que más se suelen esgrimir a la hora de negar la llegada tardía del euskera a la Comunidad Autónoma Vasca, supuestamente por el arraigo de la toponimia vasca en el territorio mencionado. Si hablamos de toponimia de manera genérica, nos encontramos con territorios como la Mancha donde la toponimia es principalmente castellana, pese a que la anexión de este territorio al Reino de Castilla se inició en el siglo XI-XII. Así lo expone Francisco Moreno Fernández, de la Universidad de Alcalá de Henares, en su trabajo “Toponimia de la Mancha:Caracterización general”:

Los topónimos son testigos de la forma en que unas tierras fueron repobladas. En el Común de La Mancha, la repoblación, si bien se inició con Alfonso VIII, se culminó en época muy tardía. Hasta la batalla de las Navas, la Orden de Santiago no pudo extender su labor pobladora muy al sur.

Por su parte, el investigador de los apellidos navarros Eneko Bernaldo de Quirós, indagando sobre el origen de los apellidos vasconavarros espetaba lo siguiente en un artículo en el Diario de Noticias de Navarra:

“Muy pocas veces coincide que un apellido que pasó por un pueblo hace 400 años siga existiendo ahora”

Si unimos esta afirmación a que muchos de los apellidos de muchas personas vascas se corresponden con lugares, podríamos especular con que la toponimia no es motivo suficiente para vincular la presencia de un idioma en un momento y lugar histórico muy lejano en el tiempo (época prerromana).  

Con relación a esto, el filólogo vasco Joseba Abaitua nos ofrece algunas claves en “Sobre la estratigrafía lingüística del País Vasco” que divide en 5 puntos:

Con los datos disponibles, podemos afirmar con relativa certeza que:

  1. Hubo una alta unidad y cohesión de la lengua en el momento previo a la fragmentación dialectal (siglos V-VII).
  2. Contamos con un modelo que explica la cronología y expansión espacial de los dialectos.
  3. La lengua que conocemos desde los primeros testimonios literarios tiene un pasado reciente, cercano y trazable; no remoto e inescrutable.
  4. El antecesor común a todas las variedades no estaba disperso por el amplio territorio que la historiografía lingüística suele atribuirle, sino que se localizaba en un espacio concreto y relativamente acotado.
  5. La identificación de los préstamos más antiguos y comunes aportan además indicios de un origen en contacto con las primeras hablas romances del Pirineo occidental (protogascón y protoaragonés).

Son argumentos que confluyen y contradicen el supuesto tan arraigado en la bibliografía vasca (cf. Roberto González de Viñaspre, Joaquín Gorrochategui, Joseba Lakarra, Elena Martínez de Madina, Patxi Salaberri, Valeriano Yarza, Luis María Zaldua, etc.) acerca de la ancestral presencia de una o varias lenguas protovascas en áreas en las que la toponimia ofrece evidencias de lo contrario.

Sea como fuere y a día de hoy, poco importa a efectos prácticos que várdulos, caristios y autrigones -algunos dicen que incluso berones- hablasen protoeuskera o si el euskera llegó en el siglo V a la actual Comunidad Autónoma Vasca, debido a que en la actualidad, igual que no podemos negar que la gente de Albacete son castellanos/as, pese a incorporarse a Castilla en el siglo XIII -hace 800 años-, tampoco podemos negar que los bizkainos, gipuzkoanos o alaveses son vascos, pese a que, y en el peor de los casos para los más puristas del nacionalismo vasco, se pudiera confirmar que el euskera llegó a estos territorios tras la caída del Imperio Romano en Hispania. Conviene recalcar que incluso si se confirmara esta hipótesis, bizkainos, alaveses y gipuzkoanos llevarían la friolera de más de un milenio y medio bajo dominio e influencia vascona.

Lo que sí que es cierto, es que el hallazgo de “La Mano de Irulegi” va a trastocar tanto los imaginarios colectivos de la derecha foralista española, como del nacionalismo vasco de corte aranista. Nafarroa, como corazón del protoeuskera en la antigüedad y cuna de la nación y el pueblo vasco, supone un grave problema para unos foralistas navarros que siempre han querido desvincular lo vasco de lo navarro cuando realmente, y como ya se sabía pero tras este hallazgo podemos aseverar con más determinación que nunca, lo navarro es lo vasco sin matiz alguno, es decir, todos los y las navarras son vascas. Además, es importante recalcar que si no fuera por el peso o poso histórico que ha dejado el Reino de Navarra, esta tierra vascona, muy posiblemente podría haber sido denominada como el “País Vascón”, mientras que a Bizkaia, Alaba o Gipuzkoa las podrían haber denominado como las provincias vascas más occidentales adheridas más tardíamente a este concepto -vascón- que deriva de la tribu que habitaba en la antigüedad la actual Nafarroa y sus zonas circundantes. 

Nafarroa, por lo tanto, y como ya he indicado, supondría la matriz principal del pueblo vasco según todos los hallazgos arqueológicos. Por lo que, una vez más, se puede afirmar alto y claro y con luz y taquígrafos, que Nafarroa, mucho le pese a los fachas de UPN, es vasca de la Ribera al Roncal y de Baquedano a Viana.

Por otro lado, la construcción contemporánea de la nación vasca se basa en una edificación aranista que parte de Bizkaia y de sus símbolos (el Árbol de Gernika o la Ikurriña) y de la centralidad de Bilbo como capital artificial de Euskal Herriak para cualquier tipo de evento o manifestación de carácter nacional. El hallazgo de este año 2022, junto con otros ya mentados en este texto, evidencian la necesidad de redefinir el relato de la identidad vasca y de las características principales del país, tanto a nivel geográfico o arquitectónico, como simbólico o climático (no todo el país es eminentemente verde, ni en todo el territorio hay caseríos, de igual modo, que no todo el clima de Euskal Herriak es principalmente lluvioso, que tampoco es para todas las vascas el mar un elemento cultural vertebrador). 

Si nos referimos a la simbología que actualmente arropa o acoge el movimiento euskaltzale de izquierdas, podríamos remarcar la necesidad que existe de repensar nuestra simbología y desde luego y en esta temática concreta, apostar por el pendón navarro republicano como símbolo nacional -deriva del escudo de la Dinastía Ximena (1150-1234)-, en detrimento de la ikurriña aranista por dos motivos principales: el primero de ellos puede enraizarse en su peso histórico -nace en el siglo XII- y el segundo motivo y para mí más determinante, es que este pendón, en contraposición a los diseñados por Arturo Campión o Sabino Arana, ni tiene corona, ni tiene cadenas, que tampoco porta ninguna cruz que represente a ninguna religión -destaco esto último, puesto que el agnosticismo debe de ser clave para cualquier pueblo que se diga laico- 

Para ir cerrando este trabajo, me gustaría dejar claro que hoy en día aún no sabemos, a ciencia de cierta, la verdadera sociología lingüística de la Euskal Herria prerrománica. De hecho, y tras el hallazgo de “La mano de Irulegui”, surgen incrédulos detractores como el profesor Patxi Mendiburu, el cual señala que el descubrimiento que se ha producido en el Valle de Aranguren podría estar vinculado a los préstamos latinos que tomaron los vascones de los romanos, lo expone así:

«Sori (hoy zori) proviene, de sors, sortis, ‘suerte’ (latín puro, como ‘agur’, buen augurio). Lo dice Caro Baroja en Las brujas y su mundo (Alianza, 1986). »Pájaro« se dice txori y, para algunos, su origen sería así: txori xori zori. Y también provendría de sors, ‘suerte’, por su capacidad de presagiar hechos. Lo mismo que sorgina (‘bruja’). Vendría de sors + egin, es decir, ‘quien hace la suerte’… on-eku, »de buena« es el genitivo de »on, ona«, proviene también del latín ‘bonus-a-um'(‘bueno’)».

Ante tales reflexiones solo puedo espetar: ¿y qué? ¿Qué más da si eso fuera cierto? Hasta donde yo sé, las investigadoras de este hito arqueológico ya reconocen que la mano de bronce está escrita en alfabeto ibero, lo cual supone un préstamo y, por lo tanto, la “no pureza” del protoeuskera de la época. ¿De verdad alguien en su sano juicio puede pensar que un idioma tan antiquísimo puede pasar milenios sin tomar préstamos de otros idiomas o incluso llegar a fusionarse?

Dicho esto, digo a renglón seguido que no comparto las afirmaciones de Patxi Mendiburu sobre su escepticismo en torno al descubrimiento. En mi opinión y hasta que se demuestre lo contrario, las evidencias científicas apuntan a que la inscripción de la famosa mano está escrita en protoeuskera.

El tiempo dirá, lo que es cierto es que Euskal Herriak ha sido y sigue siendo un país con una gran diversidad que debe hacernos repensar los corsés que le colocamos a la identidad vasca del presente, los cuales, en muchas ocasiones, ahogan a este pueblo. Nuestra diversidad, fruto de quiénes éramos, junto con la riqueza que ha aportado a este pueblo, los que han llegado a lo largo de su historia o el legado de aquellas que ya no están, pero que nos han dejado diversidad y mestizaje a esta cultura en movimiento, componen los ingredientes perfectos para decir que todas somos vascas en los siete herrialdes, a la par que todas somos diversas, debido a la evolución interna que ha tenido el euskera, junto con la diferente composición sociológica fruto de los movimientos poblacionales durante miles de años que se han dado en nuestro seno. 

Toca cerrar un artículo de investigación, el cual me ha servido para disfrutar y aprender, pero sobre todo me ha servido para reafirmarme en mis convicciones libertarias (ecosociales-comunalistas), ya que son éstas las que no permiten entender un pueblo desde los blancos o negros, sino que son esas ideas las que me ofrecen las herramientas necesarias para abordar el estudio o la opinión sobre este tipo de temas, con la clara convicción de que “La Mano de Irulegi” representa un chasco tanto para esos españolistas que llevan decenios defendiendo la división entre lo vasco y lo navarro, como para aquellos nacionalistas vascos que han defendido y defienden un tipo de nacionalismo redondeado y cuasi perfecto donde nada puede salirse del guion presente y donde Bizkaia ha ostentado un papel principal y preponderante en la construcción del pueblo vasco contemporáneo. Con esto no quiero decir que cambiemos Bilbo por Iruñea o Bizkaia por Nafarroa, solo digo que Nafarroa debe recuperar su importancia dentro del imaginario colectivo vasco, con sus expresiones musicales (jotas) y con sus paisajes llanos (zona media) o desérticos (Bardenas) entre tantas otras cosas… ¡Ojalá se puedan recuperar también dentro de esa nueva composición de lo vasconavarro sus euskalkis perdidos! No nos quepa duda que esta acentuación de lo navarro en el imaginario vasco es un trabajo que tenemos que hacer de puertas para dentro de los siete herrialdes, pero también de puertas para fuera, con el objetivo de que las gentes que viven fuera de este país no identifiquen solo al País Vasco con el mar, las montañas, el verde o los caseríos.

Somos una diversidad presente que bebe de un sustrato único e inigualable en términos lingüísticos dentro de Europa, pero también somos un pueblo con sus fallos y errores, con su leyenda negra y sus potenciales claros. Un país que se ha construido con los y las de aquí, pero también, con las que hemos llegado de fuera, ya fuese en el siglo XXI como en el siglo III a.C. Es hora de construir una idea de Euskal Herriak abierta, inclusiva y con memoria. Una tarea que es de todos/as y que debe confrontarse contra los relatos uniformizadores, homogeneizadores o cuasi épicos de pueblo especial o elegido que nos pretenden vender todos y cada uno de los nacionalismos pasados, presentes o futuros.

Iruñea, 17 de noviembre de 2022

MÁS INFORMACIÓN Y FUENTES CONSULTADAS:

¿Dónde vivían los vascones?

Los vascones se encontraban en actual Nafarroa, la comarca de Oarsoaldea -Gipuzkoa- la zona más occidental de Aragón, en algunas partes de La Rioja y en el actual Iparralde.

Fuente de la imagen: hiru.eus

https://www.noticiasdenavarra.com/sociedad/2022/11/14/texto-antiguo-euskera-mano-irulegi-6226520.html

https://numismantigua.foroactivo.com/t3315-las-monedas-de-unanbaate

https://www.noticiasdenavarra.com/navarra/2014/04/29/hallan-olite-estela-funeraria-escrita-3007176.html

https://www.tesorillo.com/hispania/2vasconas.htm

https://www.noticiasdenavarra.com/navarra/2022/11/14/investigador-apellidos-navarros-6229688.html

/https://www.cervantesvirtual.com/obra/toponimia-de-la-mancha-caracterizacin-general-0/

https://www.eldebate.com/cultura/20221116/crecen-sospechas-sobre-autenticidad-inscripcion-euskera-mano-irulegui_73219_amp.html

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PASEMOS DE LA CONTRACULTURA AL PODER ALTERNATIVO

CONVERSANDO CON MURRAY DESDE NAFARROA Y EN EL SIGLO XXI

Fuente original de la imagen: https://eschool.iaspaper.net/environmental-ethics/social-ecology/

Generalmente, los movimientos sociales, y concretamente los grupos libertarios, han sido expertos a la hora de trazar hojas de ruta defensivas frente al poder hegemónico. Acciones de lucha que, por necesarias que son, en muchas ocasiones no dejan de ser meras puestas en escena que tienen un corto recorrido y que en absoluto trastocan el imaginario colectivo establecido. Es en torno a este hilo argumentativo, por lo que siempre me pregunto lo mismo: ¿Qué pasaría si todo el dinero que nos gastamos en pagar multas tras la okupación de un edificio o gastos judiciales después de una detención en una Huelga, nos lo gastamos en llevar a cabo proyectos de economía cooperativa? o ¿lo invirtiéramos en crear centros sociales que puedan perdurar en el tiempo sin miedo a un desalojo inminente? La respuesta es clara, otro gallo cantaría.

Tras leer todas las obras que Bookchin tiene publicadas en castellano, empiezo a acercarme a conclusiones similares a las que en su día llegó el teórico de Brooklyn. Pese a que nunca negaré mis raíces de carácter ácrata, tampoco nunca he escondido mi interpretación pragmática de las mismas, esa misma interpretación de mis ideas anarquistas, fue lo que me llevó primeramente a Bookchin y en segundo término a dar con Öcalan; teórico y líder político kurdo este último, que ha estudiado y adaptado el comunalismo de Murray Bookchin a la realidad sociológica de Oriente próximo.

Al contrario que Bookchin y Öcalan, yo no vengo del marxismo, sino que procedo ideológicamente del anarquismo, hecho que no ha impedido que con el paso de los años esas ideas clásicas del anarquismo se hayan ido mezclando hasta fusionarse plenamente con las tesis ecosociales y comunalistas y es que, si algo son estas tesis políticas es una hibridación de lo mejor de las ideas anarquistas, socialistas y ecologistas y para mí si me permite el atrevimiento, la propuesta de Murray supone además, la evolución natural del anarquismo para este siglo XXI. La teoría de este autor, aparte de tener un recorrido y análisis histórico anterior a la construcción de las ideologías clásicas occidentales (marxismo y anarquismo), también significa una adecuación de las ideas marxistas y anarquistas, junto con las ecologistas, fruto de su trayectoria vital y el contexto histórico en el que vive.

Básicamente, lo que hace el autor norteamericano es construir un “remix ideológico” donde se queda con lo mejor de cada una de las corrientes presentes en su tiempo. Del socialismo toma la disciplina militante y la necesidad que existe de construir instituciones para autogobernarnos, del anarquismo extrae la importancia que existe de criticar las jerarquías y el Estado nación como cánceres civilizatorios. Mientras que y en último lugar, del ecologismo coge la importancia que existe de preservar los ecosistemas y el medio natural, criticando duramente el modo de vida productivista en el que nos encontramos inmersos como sociedad. Por último, y esto lo añado yo, a ese relato ecosocial y comunalista es crucial integrar la lucha de los movimientos feministas, antirracistas, LGTBIQ+ o en favor del decrecimiento que promuevan la justicia Norte-Sur.

A día de hoy y si me tuviera que identificar con alguna etiqueta, puedo decir que con la que más cómodo me siento es con la de ecologista social/comunalista. Un posicionamiento ideológico integral que intento adaptar a la realidad en la que vivo de la mano del ecologismo integral. Un ecologismo integral que aporta al comunalismo una perspectiva culturalista que pretende solucionar el problema identitario que vivimos en el Estado español o en la vieja Europa, frente a las soluciones que propone la extrema derecha o la izquierda keynesiana -amiga del crecimiento ilimitado-. Otro de los objetivos del ecologismo integral, es adaptar el discurso ecologista a nuestra desigual realidad social que propicia dramas como el de las migraciones forzosas. Por este motivo, el enfoque decrecentista es imperativo a la hora de interpretar el ecologismo integral en nuestros territorios.

Según Bookchin la praxis política del comunalismo sería el municipalismo libertario, en este punto y como novedad a la teoría de Bookchin, desde el ecologismo integral, lo que se pretende es hacer una readaptación de este concepto, apostando por un municipalismo autónomo que construya instituciones alternativas a las estatales de la mano de una red de cooperativas laborales y otras estructuras políticas -como las asambleas de barrio o de mujeres-, que desemboquen en la constitución de un poder alternativo al actual. Un poder alternativo integral que estaría “capitaneado” por una Red Sindical Municipal que actuaría como paraguas jurídico y como ente donde elaborar nuestro Confederalismo Democrático en contraposición a los Ayuntamientos estatales. Estamentos estos, basados en la delegación y en la “democracia de papeleta” (utilizo este término para hacer referencia a que nuestra única participación política se produce al votar una vez cada cuatro años). En definitiva, lo que se plantea desde el ecologismo integral es la construcción de una confederación de municipios interdependientes entre sí a la par que soberanos, algo muy muy parecido por no decir idéntico, a lo que plantea Bookchin con su municipalismo libertario. Es cierto y es importante subrayar, que pese a que Bookchin habla de presentarse a las elecciones municipales cuando aborda el concepto teórico que abarca el municipalismo libertario, también es cierto, por otro lado, que en algunas de sus afirmaciones deja margen para la duda sobre cómo articular el municipalismo libertario:

Es necesario intentar edificar estas instituciones sobre la base de las viejas o nuevas asambleas populares donde ya hayan existido, y allí donde no existen vestigios de democracia ciudadana, crear instituciones democráticas categóricamente nuevas sean legales o alegales.

La Próxima Revolución (Murray Bookchin, 2019)

Es una evidencia que estas líneas no se escriben desde Vermont o que las mismas tampoco se redactan en la misma época en la que vivío Bookchin, pero cierto es, también, que son muchas las discusiones teóricas dentro de los ámbitos políticos izquierdistas que se siguen dando en nuestra época como se daban antaño. La lucha contra posiciones primitivistas, anarcosindicalistas decimonónicas, insurreccionalistas, estalinistas, anarcoindividualistas, socialdemócratas o del ecologismo “new age”, son una contienda que a día de hoy seguimos librando muchas personas que simpatizamos con el ecologismo social y el comunalismo. Por ello, es fundamental pasar de la contracultura al contrapoder, de la estética a la práctica, de la crítica a la propuesta y de la desorganización atomizada a la organización militante confederal. Sin estos cambios de hábitos políticos será imposible construir una alternativa socialmente justa y ecológicamente sostenible en este siglo XXI.

Entiendo perfectamente que muchas personas no estén de acuerdo con estas afirmaciones y quieran seguir enfocando su acción política a causas concretas que afecten a su gremio laboral o a situaciones estrechamente relacionadas con su condición vital. Pese a comprender este tipo de actitudes, me es imposible compartir las mismas y no buscar la construcción de un proyecto maro-integral que solvente todos nuestros problemas coyunturales que provoca la modernidad capitalista y su sostén principal: el Estado-nación. 

En lo que a mí respecta, estoy ansioso de crear, en positivo, de construir luz frente a la oscuridad con la que han querido vestir a ciertos movimientos contestatarios, estoy deseoso, en conclusión, de crear un movimiento de mayorías que sea revolucionario en la teoría y pragmático en la praxis y para mí, ese movimiento político lo representa la ecología social comunalista. Muchas “anarquistas” nos llamarán reformistas,mientras que muchas “socialistas” o “ecologistas” se referirán a nosotras como anarquistas, pero lo que en realidad somos es personas que estamos impacientes por transformar, no solo nuestras vidas, sino también las vidas de las que vendrán detrás de nosotras desde la justicia social, la justicia climática y la democracia radical- que va a la raíz del concepto-. Con todo esto, no quiero decir que nada haya servido o que las décadas de Historia de los movimientos okupas- por poner un ejemplo- hayan sido inútiles, pero lo que sí quiero decir en estas líneas, es que es hora de empezar a dar miedo, de enseñar lo dientes de verdad y sobre todo, es momento de aprender de los errores del pasado para no repetir las amargas derrotas de los movimientos de izquierdas.

 El próximo día 28 de enero de 2023 en Lozoya, Madrid (Castilla), tendremos la oportunidad de empezar a crear en ese I Encuentro Estatal sobre Ecología social y comunalismo, las primeras piezas para edificar una organización estatal que busque, o mejor dicho, persiga, la defensa férrea de un nuevo contrato social que desde la democracia directa y el confederalismo implanten las ideas ecosociales y comunalistas por todos los rincones de la Península Ibérica y sus zonas colindantes (Cataluya-nord e Iparralde). No podemos olvidar, y con esto acabo, que para comenzar la transición ecosocial y decrecentista necesitaremos de una militancia organizada y de unas estructuras organizativas que nos permitan construir un nuevo relato, eso sí, sin jerarquías ni autoritarismo, pero con la determinación de saber de qué por encima de nuestros egos y nuestras elecciones personales existe algo llamado colectividad. Una colectividad que por cierto, es diversa y está en pleno movimiento. Ergo tenemos que entender que en nuestra “perfecta sociedad futura”, deberán coexistir desde el respeto las familias monoparentales con las nucleares, las parejas abiertas con las parejas cerradas, las personas de fe musulmana con aquellas que son agnósticas o si aplicamos estos criterios a mi tierra de acogida, Nafarroa, deberán de convivir -por poner un ejemplo- las personas castellanoparlantes con aquellas que son vascoparlantes en un mismo espacio físico al que  llamamos municipio. Para este “tutti frutti” de diversidades y complejidades sociológicas recomiendo leer la teorización que ha realizado Abdullah Öcalan de la mano de la Nación Democrática.

Para cerrar este conjunto de intenciones y voluntades no me queda más que apuntar que nada de lo que aquí se dice pretende banalizar o juzgar una elección vital o colectiva, en contraposición a esto, lo que busca este artículo es seguir predicando en el desierto para encontrar a compañeras de viaje que se sientan identificadas con mis palabras o referentes ideológicos y que tengan la firme necesidad de buscar otras formas de cambiar este puto mundo que a muchas ahoga con solo mirarlo. Como escribió Jose Agustin Goytisolo en “Palabras para Julia”: nunca digas, no puedo más, y aquí me quedo, y aquí me quedo.

Iruñea, 13 de noviembre de 2022.

INFORMACIÓN SOBRE EL I ENCUENTRO ECOSOCIAL/COMUNALISTA DE LOZOYA:

MANIFIESTO Y CARTEL:

https://drive.google.com/file/d/1c76kkyNepItFmSDXGifMawCcEG4-ZvHb/view?usp=drivesdk

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¿MIGRACIONES FORZOSAS? LA CONSTATACIÓN DE UN DRAMA EVITABLE

Réplica al artículo de José Mari Esparza Zabalegi: ¿Migración? No, gracias.

Fuente de la imagen: La Nación

El día 22 de octubre le publicaban a José Mari Esparza Zabalegi un artículo en el Noticias de Gipuzkoa que se titulaba: ¿Migración? No, gracias. De partida, el título es provocador y busca suscitar el asombro de la lectora nada más que lo visualiza, al mismo tiempo que pretende, “abrir un melón” sobre una cuestión muy peliaguda dentro de la izquierda. Ahora bien, si nos sumergimos en el artículo, podemos encontrar una serie de diatribas que poco objetivo tienen en suscitar un debate en unos términos correctos y adecuados, es más, en mi opinión, busca la banalización de un tema que es mucho más complejo. Para empezar y como fundamental objeción, la migración existe porque es un fenómeno inherente a la condición humana. Otra cosa, y muy diferente, es que los flujos migratorios que se dan en la actualidad sean fruto de unas desigualdades galopantes entre  Occidente y los pueblos del sur. Contexto que lleva a millones de personas a buscar unas mejores condiciones vitales fuera de su país y lejos de sus seres queridos. Algunos datos económicos respecto a porque los migrantes migran:

El 80% de la población de Costa de Marfil vive por debajo del umbral de la pobreza española. Por lo que estas personas ganarían más viviendo en el Estado español, aunque lo hicieran para engrosar el grupo de las más pobres. Según el economista serbo-estadunidense Branko Milanovic, los más pobres de Dinamarca -como grupo- serían los más ricos de Uganda en el caso de que estos se fueran a vivir al país africano con sus rentas de “pobres holandeses”.

Es cierto, que las desigualdades que llevan a las migraciones no son solo económicas, también lo son sociales. Por ello, aparte de la renta, es importante mirar otros indicadores para detectar desigualdades como son la esperanza de vida o el acceso a la educación. Este tridente de factores- renta, esperanza de vida y educación- se denomina Índice del Desarrollo Humano. Un termómetro de injusticias que sitúa al Estado español, según Informe de Naciones Unidas (2019), en el puesto número 25 de 189 países. Obviamente, a la cabeza de este Informe se colocan los países occidentales o los gigantes asiáticos liberales como Japón o Corea del Sur. Pueden imaginarse, que precisamente los países africanos no ocupan las primeras o medias posiciones de la tabla, sino que se sitúan en la cola. Por lo que afirmar que las migraciones son las causantes del empobrecimiento y de la perdida de derechos de las poblaciones autóctonas que reciben inmigrantes, es una falacia absoluta que fundamenta sus razones más primitivas en el odio al pobre. Las personas migrantes son las principales víctimas de las desigualdades que genera el sistema capitalista y, por lo tanto, si alguna culpa tienen, es el haber nacido pobres. Pobreza económica que les lleva a aceptar lo que sea bajo las condiciones que sean. Imagínese el lector o lectora que si una colombiana percibe al mes unos 300 euros de salario medio- en Colombia-, los 1000 euros que puede cobrar en el Estado español le puedan parecer un avance más que significativo en su economía, por mucho que la inflación esté disparada en nuestro territorio, ya que si una mira los precios en Colombia, no es que estos sean irrisorios si los comparamos con los salarios de allá, por lo que sí, la migración forzosa es un drama, pero es un movimiento humano más que legítimo. 

¿Qué podemos hacer para evitar este drama humano?

Lo que se le olvidó decir a José Mari Esparza, es que tenemos que DECRECER. Debemos dejar de vivir como vivimos en el Norte para que en el Sur puedan vivir y esto, aunque supone un debate antipopular y farragoso para la izquierda, es imprescindible ponerlo en centro si vamos a hablar de las migraciones, sus causas o sus posibles soluciones. Lo que para nosotras como sociedad occidental es algo evidente como tener luz, agua o servicios públicos, en otros países se antoja como un privilegio adscrito a una clase social, la de los ricos y poderosos. Algo tan instaurado en la actualidad de Occidente como una red de alcantarillado o unas carreteras asfaltadas, se antoja utópico en muchas localizaciones del continente africano. Estos ejemplos, que para nada suponen trivialidades, deben acompañarse de otros datos como que para que sigamos manteniendo el ritmo de vida de un ciudadano del Estado Español -en cuanto consumo se refiere- necesitaríamos 2,8 planetas. Por lo que es imperativo, a la hora de hablar del tema de la inmigración, argumentar que la solución a la pobreza en África -por poner un ejemplo- no radica en que 20 millones de inmigrantes de ese origen accedan al Estado español como nueva población activa y que, en vez de ser 47 millones de personas -como en la actualidad- pasemos a ser  67 millones de habitantes. Población aumentada que dejaría de consumir 2,8 planetas para pasar a consumir aún más planetas. Por lo que esta, ni de lejos, puede ser una solución a la problemática. La solución a nuestros problemas sociales, ecológicos y económicos, se basa en darnos cuenta de que con mucho menos podemos vivir mucho mejor y que para que la gente no se vea obligada a dejar su tierra, nosotras tendremos que dejar de consumir y de vivir al ritmo que vivimos y consumimos.

Obviamente, los ricos y los grandes capitales son los principales causantes de esta situación y hacia ellos debemos enfocar nuestras principales demandas, eso sí, sin que ello nos blinde de argumentos para seguir haciendo cosas como personas “corrientes y molientes” que en otras partes del mundo son auténticos privilegios. Algunos ejemplos serían los siguientes: no podemos coger aviones todos los años y en repetidas ocasiones para llevar a cabo desplazamientos laborales o de ocio, tampoco podemos consumir carne y pescado todos los días y en todas las comidas que forman parte de nuestra dieta. Tampoco podemos trabajar 8 horas y centralizar nuestra vida en la labor de producir y consumir. El trabajo debe repartirse y la jornada laboral tiene que reducirse. Por último, y como uno más entre otros tantos ejemplos, tenemos que trabajar más cerca del sitio en el que vivimos y hacer los desplazamientos de forma más ecológica y sostenible. Esto se puede extrapolar al transporte de mercancías o megalópolis como Madrid o Barcelona, que son todo lo contrario a los escenarios resilientes donde deberíamos desenvolver nuestras vidas.

Por supuesto que esto a lo que hago mención no vendrá de la noche a la mañana, por lo que es imprescindible construir una estrategia colectiva que gravite en torno a 4 puntos graduales hasta llegar al fin deseado:

 1) debemos concienciarnos sobre la importancia de decrecer

 2) debemos obligar a nuestros gobernantes a aplicar medidas decrecentistas que sirvan para requilibrar la balanza

 3) debemos acoger a las personas migrantes mientras sigan llegando a nuestros países

*este es un proceso de urgencia humanitaria que se debe compaginar con el decrecimiento en Occidente. No se puede plantear la acogida sin defender un cambio de vida y de modelo económico en el Norte. Por lo que en unos 10 o 15 años (aproximadamente) la transición decrecentista debe de aplicarse para llegar al cuarto y último punto.

 4) debemos acabar con el drama de la inmigración forzosa

 Frente al drama humano de las migraciones forzosas, que no masivas: estrategias colectivas. Es importante, en relación con lo anterior y en cuanto a la terminología utilizada, ser cuidadoso con los mensajes que se lanzan para no incitar al odio. El problema no es que uno de cada tres nacimientos sea de una madre emigrante en la Comunidad Foral, el problema es que en Nafarroa tenemos un modelo educativo que no marca cuotas y que convierte nuestro sistema en el mayor garante de la anti-integración y de la guetificación y sí, por mucho que a algunos les pese, una persona se puede integrar en nuestra cultura sin tener que olvidar sus raíces o que esto conlleve a un desprecio de su cultura de origen. Dicho esto, no transitar por el camino de la integración solo generará una sociedad rota y segmentada como lo es la francesa.

La izquierda tiene pendiente un reto brutal: afrontar el drama humano de la inmigración con un discurso coherente y valiente. Estructurando una narrativa de debate que señale que nuestro modelo económico y de consumo no es válido en un contexto de crisis socioambiental, el cual nos demanda otra forma de relacionarnos con el medio en todas sus facetas y aquí entra también y como es obvio, la forma que tenemos de consumir y producir. Frente al discurso demagógico de VOX, que habla de luchar contra la inmigración, pero que defiende la misma con sus políticas neoliberales que expulsan a las personas de sus lugares de origen, o el discurso cobarde de una izquierda que rehúye hablar del ecologismo social o del decrecimiento como soluciones, ya que estas implican perder privilegios y capacidad de consumo a sus futuros votantes y a la clase político-sindical, es hora de alzar las voces desde la izquierda sociológica para apostar firmemente por el decrecimiento y el reparto equitativo de los recursos naturales. Comento esto, porque no todos los pueblos han de decrecer, mientras que el Kurdistán no debería hacerlo, a Euskal Herriak le apremia llevar a cabo esta transición.  

Corren tiempos difíciles para una izquierda que no quiere asumir que de esto solo se puede salir cambiando el modelo socioeconómico de manera radical y que, para ello, no valen medias tintas como el Green New Deal (el antiguo Desarrollo Sostenible). Por último, y a modo de cierre, frente al racismo nazi supremacista, al negacionismo climático de la extrema derecha populista o al ecofascismo que puede ser aplicado por la extrema derecha, el “centro” o la socialdemocracia, toca tejer un discurso que no alimente a la extrema derecha o al clasismo de la inmigración selectiva -fomentada por el neoliberalismo-, con discursos simplones que ensalzan la inexistencia de fronteras, pero que no cuestionan el modelo económico neoliberal que impera en el mundo y la necesidad de decrecer. No se puede hablar de justicia para las personas migrantes sin hablar de que es imprescindible un decrecimiento en el Norte. Nunca, y digo nunca, existirá una movilidad justa entre el Norte y el Sur, mientras que existan desigualdades inmensas en nuestro Índice de Desarrollo Humano y de consumo. Dicho de otro modo, los movimientos forzosos de personas seguirán existiendo mientras que existan desigualdades. Del mismo modo que esto es un hecho, lo es también que NO es una opción a esta problemática que todo África se mude a Europa para vivir como los europeos, ya que esta vaga solución, aparte de paternalista y etnocéntrica, es una imposibilidad biofísica que no podemos olvidar y que tenemos que defender con datos y rigor, por eso, TOCA DECRECER José Mari, TOCA DECRECER OCCIDENTE.

Iruñea, 24 de octubre de 2022.

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COMITÉS DE EMPRESA, LIBERADAS SINDICALES O SUBVENCIONES, UN LASTRE PARA EL SINDICALISMO

Reflexiones en torno a otra forma de entender la acción sindical en Nafarroa en este siglo XXI

Fuente de la imagen: El Rincón de Martinico/ Martinikoren Txokoa

Hace pocos días se convocaba una nueva Huelga en un centro de trabajo de Hego Euskal Herriak y una vez más, la centralidad de la convocatoria, en materia de visualización y protagonismo, recaía en las liberadas de las principales centrales sindicales que nada tienen que ver con las trabajadoras afectadas ni con sus demandas. Esta puesta en escena tan cotidiana que se repite en multitud de conflictos laborales, aunque no debiera de ser así, se da por buena por los sindicatos vascos mayoritarios. Por lo que a mí respecta, creo que este tipo de escenificaciones son fruto de una “política espectáculo” que tiene su origen en la acción sindical retribuida y que construye, sin ningún género de dudas, los cimientos necesarios para que algo que en un inicio era un elemento transformador y disruptivo se convierta en algo sistémico y hegemónico. 

Hará unas cuantas semanas, un político profesional muy amigo de los micrófonos y un poco menos aliado de las clases populares, decía que la existencia de la política remunerada era una victoria de la clase trabajadora. Esta perogrullada salió de la boca del diputado de ERC, Gabriel Rufián, lo que se olvidó decir a nuestro alegre portavoz, es que lo que un primer momento supuso el acercamiento a la política de gentes de extracción obrera, ha supuesto con el tiempo y por la no imposición de límites, un aburguesamiento de “to quisqui” que se ha metido en la política o la acción sindical remunerada. 

Si hablo en términos generales -estatales- siempre he tenido muy claro cuál es el modelo sindical que me representa y este no es otro, que una forma de entender el sindicalismo donde las personas liberadas, las subvenciones estatales o la participación sindical mediante los comités de empresa no signifiquen una opción a la hora de hacer sindicalismo. Con estas pistas que he dado, muchas de vosotras tendréis más o menos claro a qué tipo de modelo sindical me estoy refiriendo si fijamos nuestro objetivo en el Estado español. Efectivamente, habéis acertado de pleno aquellas que hayáis pensado en la CNT. Ahora bien, si hablamos de la CNT y de la cuestión territorial, seréis muchas también, las que albergaréis dudas sobre si este sindicato, de raíz anarcosindical y de gran recorrido histórico, sirve como herramienta para todos los rincones del Estado español. Digo esto, ya que debemos de ser conscientes como libertarias de las distintas tensiones y conflictos territoriales que se dan en un seno. Algunas personas en relación con esto que escribo me podrían espetar que la CNT es un sindicato confederal y que, por lo tanto, ya respeta la idiosincrasia que se vive en la Península Ibérica, incluso muchas otras me podrían interpelar diciéndome, que el anhelo de la CNT debería de ser convertirse en un sindicato a nivel Ibérico. Una vez mentado esto, me gustaría aclarar que pese a que para mí la CNT siempre será un sindicato hermano y un compañero de viaje, creo firmemente en la necesidad de articular herramientas confederales y anarcosindicalistas propias en territorios como Galiza, Catalunya o Euskal Herriak, principalmente por cuatro motivos: 

  1. El primero radica en que las tensiones sociopolíticas que se viven dentro del Estado español deben de abordarse con seriedad desde el movimiento anarcosindicalista, no tachando todo sentimiento identitario contrario al español como burgués. 
  2. El segundo, tiene que ver con que si venimos del ámbito libertario y cuestionamos el Estado nación como estructura de organización social, ¿no deberíamos de plantearnos otras formas de organización sindical y política que traspasen sus márgenes y se apliquen a unas realidades culturales y sociológicas más precisas?.
  3. En tercer término y en relación con el punto anterior, Galiza, los Països Catalans y Euskal Herriak sobrepasan los límites del propio Estado español ya que en el caso del pueblo vasco y catalán parte de su territorio se encuentra al otro lado de los Pirineos y dentro del Estado francés. Por su parte es innegable la relación que tiene Galiza a nivel cultural y lingüístico con el pueblo luso, relación interestatal que también desborda el relato uniforme del Estado nación español.
  4. Por último, es fundamental ofrecer a los pueblos de Euskal Herriak, Catalunya o Galiza una alternativa anarcosindical con perspectiva culturalista -respectiva a sus identidades diferenciadas- que se base en la autogestión, el apoyo mutuo y una forma de entender el sindicalismo donde los comités de empresas, las subvenciones o los liberados sindicales no comporten formas válidas a la hora de trabajar.

Obviamente, sería adecuado, siguiendo esta lógica narrativa, que estos modelos sindicales fueran extrapolados al resto de pueblos que componen el Estado español. Sea como fuere, deberán de ser sus gentes, las que decidan en que momento llevar adelante estos proyectos, si así lo decidiesen. En relación con esto anterior, debo decir que soy plenamente consciente de que el conflicto identitario no es igual en la España sociológica (antiguos Reinos de Castilla, León y sus respectivas conquistas) que el que se da en los territorios a los que antes he hecho referencia y que han sido catalogados, por aplastante consenso, como “nacionalidades históricas” (Galiza, Països Catalans y Euskal Herriak). Muchas me podríais decir, que en este mismo saco deberíamos de meter a Aragón y Andalucía, pero como vosotras mismas podéis sospechar, si introducimos a Aragón y Andalucía como nacionalidades históricas – con el fuerte peso que allí tiene el nacionalismo español- ¿Por qué no hacerlo también con Castilla, León o Asturies?, y en ese supuesto ¿Qué quedaría de España? ¿Acaso es España una nación?. Tema farragoso y complicado para el sindicalismo y la política de izquierdas en general, aun así, no por ello no debemos de abordarlo desde perspectivas anarcosindicalistas, socialistas, libertarias, ecologistas o feministas. 

En definitiva, mi propuesta de crear unas redes sindicales diferenciadas desde el anarcosindicalismo en Galiza, Euskal Herriak y los Països Catalans se fundamenta mayormente en que son territorios donde el conflicto centro-periferia o la pugna España VS nacionalidades-históricas es más latente y sí, también en Galiza, donde pese a arrasar el PP durante decenios el modo de vida del pueblo gallego y su idiosincrasia son motivos suficientes para apreciar su realidad fuertemente diferenciada dentro del Estado español.

Decir todo esto no significa, ni por asomo, que debamos de renunciar a las relaciones inter-pueblos dentro del Estado español, significa que deberíamos de construir esas relaciones confederales desde el derecho a decidir la libre adhesión de las diferentes partes, que no, mediante mecanismos ya dados que tratan la organización político-territorial desde un marco de realidad que para nada está consensuado.

¿Cuáles son los retos del sindicalismo transformador en este siglo XXI?

Los retos del sindicalismo transformador han de dirigirse no solamente a defender a los trabajadores en su faceta laboral dentro de empleos capitalistas o estatales, la función, o mejor dicho, la ambición del sindicalismo revolucionario en este siglo XXI, ha de ser la de crear las herramientas necesarias para autoemplear a sus afiliados y conseguir la independencia de la clase obrera. Una independencia que solo podrá verse acompañada de la conquista del resto de soberanías (alimentaria, energética, habitacional, LABORAL). 

Como es obvio, si planteamos una acción política y sindical no profesionalizada, es imprescindible, aparte crear empleo desde el sindicato como objetivo futuro, que desde el presente más inmediato, encaminemos la lucha hacia demandas colectivas como la del reparto del trabajo o la de la reducción de la jornada laboral -entre 4 y 6 horas-. Objetivos a corto-medio plazo que han de conjugarse con la creación de amplias cajas de resistencia que permitan a las personas sindicadas poder hacer política sin ver peligrar su vida cotidiana y sin tener que hacer del sindicalismo carrera política. Cuando hablo de utilizar las cajas de resistencia para poder reducir las jornadas laborales, me estoy refiriendo a utilizar una parte de la cuota de las personas sindicadas para amasar un remanente que pueda ser utilizado por las personas que deseen en un futuro trabajar menos horas y que de esta manera, ese tiempo del que se liberan del trabajo asalariado pueda ser invertido en la acción política sindical, en las tareas delegativas de la organización -que siempre deben de ser rotativas- y cómo no, en la conciliación de la vida familiar. Es crucial enfatizar que con el paso de los años y tras hacer músculo social, el nuevo sindicalismo del siglo XXI debe emplear y dar servicios al 100% de sus afiliados con el objetivo de crear una economía alternativa que derive en un contrapoder político.

Es tiempo de comenzar a recorrer este camino, un largo y duro viaje que se deberá de empezar desde los distintos herrialdes que componen el país y con aquellos agentes sociales y sindicales que así lo deseen (incluida la CNT). Una hipotética Federación o Red Sindical Navarra, que ha de contar no solo con sindicatos, agentes sociales, vecinales o personas individualidades, sino que también, ha de nutrirse de personas que trabajen en el ámbito cooperativo para que todas ellas y en conjunto, puedan dar pie a ese paraguas jurídico que con el paso del tiempo nos lleve a construir nuevas instituciones. Unas nuevas organizaciones sociales, políticas y sindicales, las que poco a poco y en un contexto de precariedad, empobrecimiento, encarecimiento de la vida y crisis ecológica, sepan construir los cajones adecuados para cubrir las necesidades básicas del pueblo trabajador navarro, en un primer momento, y de la totalidad del pueblo vasco en la coyuntura que las fuerzas y las sinergias lo permitan. En nuestras voluntades residirá el éxito de esta utopía emergente que tiene como paradigma construir una sociedad confederal y democrática en lo organizativo, radicalmente ecosocialista en lo socioecológico y convencidamente euskaltzale en lo territorial. No le quepa duda a la que está leyendo esto, que obviamente si este marco triunfara y aunque lo hiciera de la forma más pacífica y discreta, el Estado nación capitalista intentaría derribarlo con todo su engranaje represivo, judicial y mediático. Por ello, es necesario estar preparadas para lo que pueda venir mediante la constitución de comisiones de seguridad, táctica y estrategia, entre muchas otras.

Como broche final a este artículo de opinón, enfatizar que no podemos negar que actualmente la mayoría de nosotras trabajamos en empleos capitalistas o estatales, por lo que solo una minoría está autoempleada bajo regímenes cooperativos, los cuales a día de hoy se encuentran expuestos a las leyes del mercado ante la ausencia de unión y de una hoja de ruta común. Es en Nafarroa, aquí y ahora, donde ante la orfandad que siento en cuanto a un sindicato que me motive a sindicarme y a trabajar en pro de una hoja de ruta como la que aquí expongo, por lo que escribo este texto en forma de manifiesto y que deseo haceros llegar con el objetivo de que seamos más las que queramos emprender un recorrido que será complicado, pero que seguramente será la única vía posible frente a un escenario ecofascista que ya está gestionando el Partido Socialista con sus socios prioritarios. Si no queremos que este nuevo sindicalismo, que estas nuevas institucionalidades sean un fracaso, tendremos que dejarnos pelos en la gatera y caminar con el pragmatismo como herramienta principal y con los máximos que podemos aceptar (no liberados, no subvenciones, autonomía y apoyo mutuo) como la lija que nos permita perfilar un mundo nuevo en Euskal Herriak en interrelación con el resto de sujetos societales de la Península Ibérica y el conjunto del globo.

Iruñea, 19 de octubre de 2022.

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LA CENTRALIDAD DEL TRABAJO EN LA CRISIS ECOSOCIAL

El ecologismo a debate, no es verde todo lo que reluce 

Fuente de la imagen: El Rincón de Martinico/ Martinikoren Txokoa

El otro día, hablando con un colega del ámbito ecosocial me decía lo siguiente: ver todos los días en Twitter a la misma gente diciendo las mismas cosas, supuestamente “alternativas”, es demasiado. A lo que yo le respondía que no podía estar más que de acuerdo con la afirmación que hacía y le interpelaba diciéndole que ver siempre lo mismo en los medios de comunicación y las redes sociales cansa y agota. 

En los últimos años, muchos científicos y personas del ámbito universitario han tenido mucho bombo mediático en torno a la cuestión del colapso y la crisis ecosocial. Ahora bien, uno por muy académico o científico que sea, tiene que entender que las causas de la crisis socio ecológica que vivimos tiene profundas connotaciones políticas e ideológicas y que estas connotaciones, necesitan de un fuerte posicionamiento por parte de aquellas gentes que dicen cuestionar la inviabilidad del modelo de desarrollo en el que vivimos. A colación con esto, hace unas semanas, algunos amigos me trasladaban la sorpresa que les generaba la entrada de Yayo Herrero en el proyecto de Yolanda Díaz de “Sumar”, en lo que a mí respecta, y como les comenté, la sorpresa fue nula y lo fue, debido a que siempre he sido consciente de que lado de la barricada se colocan algunas de las personas activistas del ámbito “ecosocial” que tienen un pie dentro de las instituciones estatales (ya sea mediante subvenciones que reciben, trabajos remunerados o entorno cercano). Dicho esto, he de decir que cada cual elige su camino- es legítimo- y que mientras hay algunos que hablan sin tapujos, como Emilio Santiago, de que la participación en partidos políticos socialdemócratas y el intento de conquista del Estado capitalista es una opción imprescindible para la acción política, así lo expresaba de manera literal en uno de sus tweets: El Estado no se va a ir por un sumidero termodinámico. Al contrario se va a reforzar. No disputarlo es asegurar los peores escenarios. Pensar lo contrario consideramos que es o bien UNA INCONSISTENCIA TEÓRICA -mecanicismo, determinismo- o una ILUSIÓN IDEOLÓGICA. Otras personas del ámbito ecosocial en contraposición, apostamos por otras vías alejadas del Estado-Nación, el capitalismo y las estructuras normativas y lo hacemos, porque entendemos que no existe mayor inconsistencia teórica o mayor ilusión ideológica que pensar que desde los mimbres del Estado-Nación podremos construir una sociedad resiliente, justa y ecosocial. Un ejemplo nimio -la punta del Iceberg- de la perversa relación entre lo que se dice y se puede hacer en la política profesional y dentro del Estado español, lo vemos cuando nos encontramos al Alcalde de Puente la Reina/ Gares (EH Bildu) condecorando a un Sargento de la Guardia Civil y unos meses después EH Bildu lanza una campaña contra la presencia de la Guardia Civil en Euskal Herriak.

Pues bien, y volviendo al tema de las personas que trabajan para el Estado directa o indirectamente, es normal que estas no tengan interés alguno en criticar la esencia de su funcionamiento, ya que hacerlo implicaría cuestionar su fuente de ingresos y sus privilegios como “clase de poder” o élite intelectual. Decir esto, no conlleva que no reconozca el trabajo de funcionarias del Estado como las académicas, puesto que a día de hoy, su labor es fundamental hasta que no tengamos una alternativa educativa, pero también es cierto, que estas personas no pueden ser las únicas que marquen el camino de la clase trabajadora y las comunidades.

En lo que al ámbito del trabajo y el consumo se refiere, existe un refrán popular dentro de los movimientos sociales que viene a decir lo siguiente: No existe mayor carro de combate que el carro de la compra y si se me permite, me gustaría completar este refrán con un apellido que llenaría de contenido la doble intención del mismo: No existe mayor manifestación política que la creación de trabajo por la comunidad y para la comunidad.  

En Euskal Herriak, y en lo que al campo del trabajo se refiere, tenemos multitud de iniciativas cooperativas ecosociales que podrían aunarse con el objetivo de construir soberanía y crear una independencia total, aquí y ahora para los pueblos vascos. Izarkom, Olatukoop, Goiner, Ondalankoop son solo algunos de los ejemplos que a día de hoy existen en el territorio. Si seguimos en Euskal Herriak y nos referimos al ámbito estrictamente de la política partidista, somos algunas las vascas de izquierdas las que esperamos que la Izquierda Abertzale, no su cúpula, sino sus bases, reconozcan, como ya hizo el PKK kurdo, la imposibilidad de conseguir la independencia y el socialismo desde la conquista del Estado-Nación y la participación en sus organismos antidemocráticos. El tiempo dirá, cierto es que sabemos que algo se está moviendo en las entrañas de Sortu y que muchas de sus militantes estarían más por la labor de llevar a cabo estos planteamientos que los que tiene la dirección de su coalición: EH Bildu.  Este artículo de opinión es también, para todas ellas, un espectro político al cual considero aliado y estratégicamente fundamental en el camino hacia la construcción de nuevas instituciones socialistas, ecosociales, feministas y euskaltzales.

¿Qué falta en este contexto? 

Nos falta unión y necesitamos de un marco común propio que siga potenciando el ámbito cooperativo sin injerencias del Estado capitalista. Es decir, nos urge tejer unas estructuras institucionales alternativas que nos brinden autonomía y autogestión. 

En estos tiempos de crisis ambiental, y contestando el llamado de Antonio Turiel, no solo sirve con movilizarse por el clima, las alteraciones del mismo o la contaminación de nuestro entorno, todas estas luchas han de enfocarse junto a la construcción de un sujeto político postcapitalista ecosocial que no solamente libere al planeta de nuestras agresiones, sino que además, coloque los cimientos imprescindibles para que también el ser humano se aleje de la explotación, el trabajo asalariado o los modelos sociales jerárquicos y antidemocráticos.

¿Qué necesitamos? 

La creación de nuevas institucionalidades que persigan la creación de una red de consumo y producción que, desde la “txapela”y el marco jurídico de un Sindicato o una Confederación Sindical, elaboren un proyecto político integral parecido al del famoso Confederalismo Democrático kurdo teniendo en cuenta y como es evidente, nuestra realidad sociológica. Por nuestro tiempo y la dignidad de nuestras vidas, es imperativo abolir el trabajo asalariado más salvaje que nos ofrece el capitalismo y crear herramientas que nos posibiliten autoemplearse colectivamente en torno al sindicalismo. O sea que en vez de buscar trabajo en Infojobs o LinkedIn lo hagamos en el sindicato. 

Sobre todo esto, escribo en el libro “Nuevas Institucionalidades, la apuesta organizativa del ecologismo integral” (NPQ, 2022).

Por último, me gustaría volver a reiterar lo importante que es tirar de hemeroteca y no volver a repetir los errores del pasado en el seno del ecologismo. Recordar el declive de los verdes alemanes y su crisis interna entre “realos” (partidarios de la socialdemocracia y de los pactos con el PDS) y “fundis” (leales a los principios del ecologismo más social, autónomo y transformador). No podemos ni debemos olvidar como han acabado los verdes alemanes, en un primer momento pactando con el PDS y en la actualidad cogobernando Alemania en un tripartito con los liberales de derechas. Esto que digo en lo que se refiere a Die Grünen, se hace extrapolable en la esfera de la política de izquierdas, a Syriza, Podemos, EH Bildu, el proceso soberanista catalán, etc.

En conclusión, si ellos/as quieren ser los “realos”, nosotros/as seremos los/as “fundis”. Aquellas activistas del ecologismo y militantes de la vida- como decía Galeano- que aunque a día de hoy vayamos perdiendo la batalla cultural y el relato de masas, creemos en lo que decimos y nos reforzamos, más aún en lo que pensamos, cuando vemos que las opiniones políticas de un ministro que está gobernando, Garzón, o las de una vicepresidenta del gobierno que está en el cargo, Yolanda Díaz, tienen más peso en los medios de comunicación o en las redes sociales que en los consejos de ministros o a la hora de ejecutar políticas que rompan con el capitalismo y la destrucción del planeta. Que me esperen sentados aquellos que pretenden hacer de nosotras un sobre con una papeleta y es que, como cantaba el gran Chicho Sánchez Ferlosio: Malditas elecciones decimos si la voz rebelde se domesticó, malditas elecciones decimos, quieren el gobierno y nosotros no.

Iruñea, 15 de octubre de 2022

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EL ECOLOGISMO INTEGRAL ES LAICO, AGNÓSTICO Y ANTICLERICAL

Después de publicar mi primer libro, “Ecologismo Integral. Identidades, justicia social y decrecimiento” NPQ editores (2019), me percaté de que existía una corriente dentro de la iglesia católica que hablaba de la ‘ecología integral’. Según estos curas y fieles, la misma se compone de una mezcla de valores morales, preservación de naturaleza y religión. Desde mi punto de vista, este batiburrillo de conceptos al que ellos llaman ‘ecología integral’ no deja de ser “un triple” que se lanza la iglesia católica para estar al día en una temática, la ambiental y ecológica, que en los tiempos que vivimos tiene una gran repercusión en los medios de comunicación y que atrae a la vez la atención de las nuevas generaciones. Dicho esto, cuando en un primer momento fui consciente de la existencia de la apropiación de este término por parte de la mencionada corriente, he de reconocer que no le di mayor importancia al ser un concepto que en nada se parecía al mío en el contenido y que además se distanciaba en su propia construcción terminológica, ya que cuando hago alusión al ‘ecologismo integral’, me estoy refiriendo a una interpretación completa de una doctrina, sistema, escuela o movimiento: el ecologismo. De ahí, el sufijo ismo 1.

El ecologismo integral, para quienes no lo conozcan, es una apuesta política e ideológica que, desde una visión holística de la sociedad, apuesta por la preservación de las identidades culturales, la defensa férrea de la justicia social-ambiental y la promulgación de la teoría económica decrecentista como herramienta que nos permita evitar el colapso de los ecosistemas y promover al mismo tiempo la justicia Norte-Sur que evite las migraciones forzosas. El ‘ecologismo integral’ apuesta también en su plano más ideológico por mantener y divulgar la filosofía libertaria como armadura política. Una capa de protección teórica que en este siglo XXI se compone de propuestas políticas como las que encarnan el Comunalismo de Murray Bookchin o el Confederalismo Democrático del Abdullah Öcalan, y que intento aterrizar en Euskal Herriak o Castilla promulgando la construcción de una red de consumo y producción que, mediante la “txapela” de una confederación sindical, construyan nuevas institucionalidades que nos independicen del Estado nación y el capitalismo. Es importante enunciar, en este punto, que estas ideas se pueden hacer extensibles al mundo occidental debido a que en términos generales compartimos una serie de parecidos culturales y sociológicos que permitirían la construcción de estructuras similares en otros países del entorno.

En un primer momento -como ya he comentado con anterioridad-, no vi necesario llevar a cabo este artículo aclaratorio, pero tras una conversación con un colega del ámbito ecosocial, y tras leer recientemente en internet que varias webs religiosas habían mutado el concepto de ‘ecología integral’ por el de ‘ecologismo integral’, me veo en la obligación de escribir estas líneas y denunciar la suplantación de un término que nada tiene que ver con la Iglesia católica, es más, el Ecologismo Integral es una propuesta profundamente laica, agnóstica y anticlerical. Ni qué decir tiene, que esta propuesta política condena las jerarquías y el patriarcado del que se nutren las religiones monoteístas, enraizando, por el contrario, su cultura política en el anticapitalismo, las propuestas no desarrollistas y, como ya he comentado, en la filosofía e historia libertaria -la que por cierto, es firmemente atea-. 

Para finalizar este breve escrito, ya que poco más me queda por decir, me gustaría criticar rotundamente la falta de cultura política de los curas y demás siervos del ‘Señor’, que no son capaces de indagar sobre los términos que ya existen y se dedican a publicar su propaganda sectaria plagiando conceptos que nada tienen que ver con su doctrina religiosa. O bien que intencionadamente y con unos propósitos que escapan de mi comprensión, pretenden apropiarse de este concepto y utilizarlo para denominar sus propuestas humanistas/morales/ambientales, borrando toda su etimología política transformadora. Del mismo modo que no renunciamos al término/etiqueta del ‘ecologismo social’, pese a que este ha sido vilipendiado por aquellas “ecologistas de Estado” que pretenden optar por las jerarquías, la profesionalización de la política o propuestas falaces como las del Green New Deal, tampoco considero una opción repensar o renunciar a un concepto, el del ‘ecologismo integral’, que nació hace poco más de cuatro años y que tiene como fin traspasar los límites del Estado nación para construir una sociedad resiliente, radicalmente justa, contundentemente democrática y profundamente confederal. No le quepa duda a la lectora que el Ecologismo Integral pretende ser los mimbres sobre los que construir la sociedad libertaria del siglo XXI en armonía con la naturaleza y desde el respeto más absoluto a la diversidad cultural colectiva y a las diferencias interpersonales.

1  Del lat. -ismus, y este del gr. -ισμός -ismós. Forma sustantivos que suelen significar ‘doctrina’, ‘sistema’, ‘escuela’ o ‘movimiento’. (RAE)

Iruñea, 12 de octubre de 2022

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¿QUÉ SIGNIFICA REALMENTE SER ESPAÑOL?

Fuente de la imagen: El Rincón de Martinico/ Martinikoren Txokoa

Estudiar el pasado para entender el presente

-REPORTAJE-

El término “HISPANIA” – tierra de conejos- del que deriva “ESPAÑA” es el nombre que le dieron los fenicios a los lugares de la Península Ibérica donde tuvieron influencia y sus respectivas colonias -zona sur y sureste-. Ya de primeras y sin profundizar en exceso, el concepto de “España” parte de una falacia debido a que los fenicios, cuando se referían a “Hispania”, estaban haciendo mención a los territorios en los que ellos tenían influencia cultural o directamente asentamientos humanos; lo cual y como es obvio, dejaría fuera de esta denominación al resto de la Península, es decir, a la mayor parte. Más adelante los romanos tomarían este término y extenderían el concepto de “Hispania” a todo el territorio peninsular -incluido Portugal-.

Fuente de la imagen: Pinterest

Iberia -que es como prefiero referirme a este territorio-, encierra una serie de complejidades e hipótesis en cuanto a sus antiguos habitantes que hacen de este lugar las delicias de cualquier aficionado a la historia. Muy seguramente, una de las hipótesis más razonables sobre el origen de sus “aborígenes” más conocidos, los pueblos íberos, según los y las “iberistas”, es la teoría de una relación/origen de estos con la Cultura de los Campos de Urnas. Esta teoría/hipótesis interpreta que el parecido entre las lenguas ibérica, vasca y aquitana, tendría que deberse en términos históricos y culturales a algún factor común que explicara la expansión de esta familia lingüística en un gran territorio en un corto periodo de tiempo. Es importante destacar, en esta línea, que en la Península Ibérica, el territorio de difusión de este legado cultural se corresponde básicamente con el área de influencia del idioma ibérico. Aparte del íbero, tendríamos en la Península dos familias más de lenguas preindoeuropeas: el protoeuskera y el tartésico.  Protoeuskera, que supone la raíz más primitiva del actual euskera que pervive en la actualidad.

Fuente de la imagen: Ethnographic Iberia 200 BCE-es.svg

Otra de las hipótesis -en cuanto a los iberos- que nos encontramos, sugiere que la llegada de estos se data en el periodo Neolítico, del quinto al tercer milenio A.C. (edad de la piedra pulimentada). La mayoría de los estudiosos que optan por esta teoría se apoyan en evidencias arqueológicas, antropológicas y genéticas, evaluando que los llamados iberos procedían de regiones mediterráneas situadas más al este.

Si corremos el largo velo de la historia y nos situamos en las invasiones celtas, allá por el siglo VI o VII A.C., podemos hablar de un cambio significativo en el mapa sociocultural de la Península Ibérica. Muy seguramente, muchos de los pueblos íberos, que estaban asentados principalmente en el centro, suroeste y norte de la península, asumieron prácticas y costumbres culturales celtas, llegando también a mezclarse étnicamente con este pueblo. Hecho que construiría, con el paso de los siglos, el grupo humano de los celtíberos. En relación con esto anterior podemos destacar que, las zonas donde, en principio, más influencia celta y más comunidad humana estrictamente celta existió en la Península Ibérica, se corresponderían con los actuales territorios de Asturies y Galiza.

Pasaron los siglos y llegó la conquista romana (comenzó en el 218. A.C. y finalizó tras las guerras cántabras en el 19. A.C.). Tras la conquista definitiva y el asentamiento de los romanos en Iberia, se daría paso a una uniformización de las prácticas de vida de los pueblos prerrománicos. Gentes – iberos, celtiberos y celtas- que serían, por cierto, el sustrato principal del grupo étnico que pasaríamos a llamar hispano-romanos y que se encontrarían los musulmanes a su llegada.

Tras la caída del imperio romano, llegaron los suevos, vándalos y alanos, pueblos que serían expulsados posteriormente y sustituidos por los visigodos. Pueblo este último, que tuvo un paso corto y accidentado por Iberia, donde el asesinato de sus monarcas y la inestabilidad de sus reinados fueron el alma mater de su presencia en estas tierras. Esta época de control visigodo de la Península Ibérica finalizaría en el año  711 D.C. con la conquista musulmana que comenzaría con el desembarco de Tarik ibn Ziyad y la posterior batalla de Guadalete.

Unos años después del comienzo de la conquista musulmana, concretamente en el año 718 D.C., podemos datar el primer conato de resistencia cristiano -batalla o escaramuza de Covadonga- que supondría el inicio de los pueblos que hoy conforman el Estado español y su organigrama sociocultural. Antes de pasar a diseccionar esta época histórica, es fundamental entender que lo que se pretendía con el nacimiento del Reino Astur y sus posteriores “tentáculos”, no era crear España o ser el comienzo de “España”, en todo caso y en un primer momento, el móvil de dicho reino tenía como objetivo recuperar el Reino Godo en Iberia (pueblo extranjero al igual que los musulmanes). Cierto es que al profesar otra religión los nuevos conquistadores -el islam-, la lucha por el catolicismo y contra los infieles sería un punto muy importante a la hora de sacralizar esta gesta. Dicho esto, paso a analizar la conformación de los reinos cristianos:

Fuente de la imagen: Herodoto. Blog de Ciencias Sociales, por Antonio Boix.

Del Reino de Asturias surgió el Reino de León, el cual, proyectaría su reconquista desde el oeste peninsular. De este Reino surgirían el Reino de Portugal y el Reino de Galicia (este último duraría un breve periodo de tiempo y pasaría a estar dividido en condados). Del Reino de León también nacería Castilla, primeramente en forma de condado y posteriormente como reino independiente. Un poco más al este, nos encontraríamos con el Reino de Navarra, el cual quedó encajonado en el proceso de reconquista cristiana entre los reinos de Castilla y Aragón. Si seguimos camino hacia el mediterráneo, nos encontraríamos en un inicio con los condados aragoneses y catalanes, los que y con el paso de años pasarían a estar bajo la tutela política de una misma Corona: la Aragonesa.

A partir de la Reconquista cristiana y de lo que vino después, se iría construyendo con el paso de los siglos el mapa sociopolítico de los pueblos que viven en la actualidad en la Península. Algunos muy vinculados cultural, política y socialmente a sus repobladores, un ejemplo de esto lo tenemos en la relación existente entre Valencia y Baleares con su “madre patria” catalana (conviene resaltar que las zonas del interior valenciano fueron fundamentalmente repobladas por aragoneses). Si continuamos hablando de la relación entre los repobladores y los territorios repoblados, en el caso leonés nos topamos con el resto idiomático que dejaron estos en el noroeste de Extremadura y que aún pervive en su dialecto extremeñú (no confundir con el castúo extremeño). Si hablamos de Castilla del territorio que se anexionó y de la consiguiente política de repoblación que se dio durante la Reconquista, podemos decir que esta es la más compleja de todas las que existieron. Esto sucede debido a que fue el territorio que mayor extensión abarco y uno de los pueblos que en esa época más diversidad étinico-cultural albergaba. De hecho, mi propio pueblo, Lozoya (Madrid,Castilla), según las crónicas históricas sería repoblado por vascos de Gipuzkoa, en esa época pertenecientes al Reino de Castilla, algo similar ocurrió en zonas circundantes de Segovia y Ávila:  

El origen del topónimo “Lozoya” (río, pueblo, apellido…) proviene de loza, oza, osa, que significaba «pastizal» en el dialecto del vasco en Guipúzcoa.  

Sea como fuere y al margen de estas “anécdotas históricas”, podemos afirmar que Castilla comparte lazos culturales, históricos y políticos con Cantabria, La Rioja (este territorio, al ser un lugar fronterizo, también tiene influencia y comparte historia y demás singularidades con Nafarroa), Murcia o Extremadura. El caso de Andalucía, debido a su peculiaridad y basándonos en el fuerte contacto que tuvo este territorio durante siglos con el mundo musulmán y sus influencias, le llevaría a ser el lugar de menor cultura castellana y singularmente más diferenciado del resto del territorio castellano. También es importante destacar, que la historia y la hegemonía castellana ha sido un motivo de peso para que Andalucía perciba el conflicto centro-periferia con más fuerza que sí y en un escenario de historia ficción, Catalunya hubiera tenido el mayor monopolio de la violencia en la Península y, por lo tanto, el mayor control sobre la misma. En este hipotético “decorado sociopolítico” podríamos hablar, igual, de los Países castellanos, pero esto sí que es otra historia ya que nunca lo sabremos. 

Bien, tras este breve repaso sobre la conformación de las diferentes identidades culturales, es crucial decir que fue la derrota de los comuneros de Castilla en 1521, lo que supuso el comienzo del proyecto imperial español y el final de los pueblos ibéricos. Esqueleto político imperial, que sirvió para que con el paso de los siglos se conformara la idea homogénea y reduccionista de España o el pueblo español. Un relato tejido a base de imposiciones y conquistas (como la de Navarra) o de conflictos con los pueblos vecinos que llevó a diversas revueltas como la de la Guerra de los Espigadores en 1640. Como podrá apreciar la lectora, las libertades de los castellanos/as fueron las primeras que cayeron tras la “siega imperialista española” que más tarde golpearía a navarros y catalanes. 

Por lo tanto, existen motivos históricos de sobra para aseverar que España supone una evidente falacia histórica y cultural que cristalizó finalmente en el siglo XIX – principalmente tras la guerra de la independencia contra los franceses- y que se terminó de “alicatar” con la aparición del nacionalcatolicismo y el falangismo ya en el siglo XX.  Es cierto, y conviene subrayarlo, que en el año 1873 España tuvo su primera oportunidad de la mano del Federalismo y durante la Primera República, de aplicar un modelo que pudiera poner las bases para que España pudiese haber sido algo, el golpe de Estado de 1874 cerró esa puerta de manera rotunda y tajante. Es a partir de ese momento y tras los sucesos acaecidos en 1898 (la pérdida de Cuba y Filipinas) cuando el nacionalismo español recibe uno de sus principales mazazos. Golpe, que no solo daría paso a los nacionalismos periféricos y al movimiento obrero, sino que también, conllevaría las reacciones más reaccionarias del movimiento identitario español: la Falange de Sánchez Mazas y el nacionalcatolicísimo del dictador Franco. 

La proclamación de la segunda República el 14 de abril de 1931  y el posterior golpe de Estado del ejército español de 1936, que triunfó, conllevó la imposición de un proyecto españolista reaccionario: impositivo en lo político y coercitivo en lo cultural; supuso la consagración del fracaso irreconciliable que a día de hoy tenemos delante de nuestras narices y que recibe el nombre de “España”.

Fuente de la imagen: Canarias Insurgente

En síntesis y para terminar este reportaje historiográfico y sociopolítico, la consagración de la idea del imperio español o de España, siempre ha estado asentada sobre los cimientos más represivos y homogeneizadores, a la par que vinculada en la actualidad, a los espectros políticos de la extrema derecha y la derecha liberal. Por ello, y contestando a la pregunta que se realiza en el título de este trabajo, ¿Qué significa realmente ser español?, la respuesta a esta pregunta se torna en evidente y concisa a los ojos de un servidor, ser español significa estar de acuerdo con un proyecto político concreto que está ligado a una serie de prácticas y a una ideología determinada, es decir, es una elección como ser de izquierdas o de derechas. Por ese mismo motivo, nos encontramos españoles muy españoles en Cataluña como Iceta o Albert Ribera, en Euskal Herria como Esparza, Abascal o Maroto y gallegos muy españoles como Feijó, Rajoy o el mismísimo Franco.  Es por ello, que es imperativo entender que pese a que en lugares como Euskal Herria y Catalunya (fundamentalmente), el sentimiento identitario español sea más minoritario que en otros, como Castilla o Andalucía, esta circunstancia no implica que el sentimiento español y España existan como comunidad humana y cultura diferenciada. Lo que sí que existe y eso es innegable, es un Estado-nación que se llama España y que sustenta económicamente en las leyes que marca el libre mercado. Unas leyes, las que además se pretenden salvaguardar desde la defensa de una identidad política española que se basa en entender a España como un lugar homogéneo -con el castellano como única lengua fáctica de poder- y de la mano de una serie de “tópicos culturales”/ éxitos deportivos (flamenco, toros, tapas, Nadal-ahora Alcaraz-, la Roja…). 

En definitiva, España es un cadáver andante, sobre todo, tras la represión que impartió en Catalunya a partir del pasado 1 de octubre de 2017. Una violencia injustificada que no era nueva y que ya sufrían los y las vascas mucho tiempo antes de los vientos soberanistas que soplaron en el país mediterráneo. 
Las recientes reticencias de los nacionalistas españoles, de izquierdas o derechas, al asturiano o el hecho de que estos eliminen a Villalar del calendario de festivos de la Junta de Castilla y León junto con el capitalismo salvaje del que hace gala la “muñeca diabólica madrileña”, son solo algunos de los últimos coletazos de una momia política que se sustenta en la derecha, la extrema derecha, la monarquía corrupta y la izquierda nacionalista española.



Fuentes consultadas:

https://www.ateneovalencia.es/los-iberos-su-origen-y-sus-asentamientos-en-la-comunidad-valenciana/

https://turismolozoya.es/conoce-lozoya/historia-y-patrimonio/


Pedro A. Moreno Ramiro

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ECOLOGISMO DE ESTADO Y MODERNIDAD CAPITALISTA O ECOLOGISMO SOCIAL Y COMUNALISMO

Fuente de la imagen: El Rincón de Martinico/ Martinikoren Txokoa

Vivimos unos tiempos difusos donde casi cualquiera puede ser ecologista o sentirse cercano a las proclamas ambientalistas. Llevar una dieta vegetariana, usar más la bicicleta, controlar el consumo energético o reciclar pueden ser algunos de los gestos personales “más estéticos” que podemos hacer si tenemos una mínima conciencia ecológica. Ahora bien, hacer cosas como las que he enumerado anteriormente si no se acompañan de una serie de medidas más estructurales y colectivas, como por ejemplo: crear y controlar popularmente unos medios de producción resilientes, democratizar la vida pública o el mero hecho de promover hojas de ruta colectivas en materias tan importantes como los desplazamientos, el transporte de mercancías o el trabajo, solo conllevarían aportar una fina de capa de maquillaje verde para un planeta moribundo que necesita recomponerse desde sus cimientos, esperemos que lleguemos a tiempo para que esto no suceda desde sus cenizas.

Bookchin como otros pensadores de la talla de Öcalan, nos han ofrecido una serie de propuestas que nos podrían permitir preservar los ecosistemas sin colapsarlos social y ecológicamente. Sus teorías principales las podemos englobar en cuatro grandes grupos que irían desde el Comunalismo y el Ecologismo Social, en el caso del de Vermont y la Nación Democrática y el Confederalismo Democrático si nos referimos al ideólogo kurdo. Por otro lado, el pensador norteamericano, nos proponía como las luchas ambientalistas, por ejemplo, la lucha contra las nucleares, había que rellenarlas de críticas estructurales a las jerarquías y el capitalismo, lo que, en palabras de Öcalan, conllevaría realizar un cuestionamiento del Estado-Nación y la modernidad capitalista como sistemas de poder y organización social. 

Desgraciadamente, son muchos los divulgadores ecologistas o ambientalistas que no dejan muy clara cuál es su postura en cuanto a las jerarquías, los sistemas productivistas -incluyo el socialismo de Estado y la socialdemocracia- o la “txapela” sobre la que deberíamos de edificar nuestras sociedades, otros, por el contrario, son más claros y apuestan por la participación en el Estado-Nación capitalista y sus organizaciones partidistas mostrándose cercanos por la práctica de sus acciones y decisiones políticas a los postulados del Green New Deal. En mi caso – aquí se daría el primero ejemplo claro de batalla cultural-, no albergo duda alguna de que frente a Estados “demofóbicos” y represivos como el turco o el español, ambos dos comparten “clase” en la OTAN, debemos como sociedad civil organizada generar nuevos contratos sociales que partan del municipio, la comarca y la confederación democrática.

Este artículo  no pretende ser una crítica destructiva a aquellos/as que hacen diagnósticos ambientales o “agitación” sobre la conciencia ecológica, pero que a día de hoy no se han posicionado de manera firme en cuánto a qué modelo político consideran más oportuno para construir una sociedad resiliente, pero sí pretende ser, por el contrario, un amable toque de atención para la reflexión personal y colectiva de este gremio. Lo que sí son estas líneas, es una crítica para aquellos/as que han coqueteado/coquetean o directamente participado/participan en partidos políticos con el objetivo de “buscar soluciones” a los problemas sociales y ecológicos que vivimos en la actualidad. Esta fuerte desavenencia con estos “ecologistas estatistas” se da, ya que considero que las vías estatal-productivistas son un “engaña bobos” “destruye personas” para los más incautos y crédulos o bien, por el contrario, son concebidas como formas de vida bien retribuidas para cuadros políticos o personas salidas de la academia. Sea como fuere, el principal objetivo de este escrito es hacer una reflexión colectiva a la pregunta:

¿Qué modelo de organización social necesita el planeta y nuestros pueblos para no acabar de pauperizar los ecosistemas y dinamitar del todo las pocas relaciones comunitarias que se dan en este siglo XXI en Occidente?.

Para responder a esta pregunta, es fundamental entender que megalópolis como Madrid y su periferia, entre otras, han de deconstruirse y dar paso a otras formas de vertebrar el territorio más equilibradas social y ecológicamente que no se basen única y exclusivamente en la ingeniería financiera capitalista. Modelo político, el cual se impone en nuestros días mediante el monopolio de la violencia que ejerce su títere: el Estado-nación. 

Si ponemos la mirada en nuestra casa, Euskal Herria, deberíamos avanzar hacia la construcción de convocatorias que se asemejen a lo que harán los amigos y amigas de Apoyo Mutuo Aragón el próximo fin de semana del 17 de septiembre en Monzón. Encuentros, dónde la organización política aragonesa llevará a cabo unas charlas-debate que tienen por objetivo luchar contra el cambio climático y las diferentes crisis socioculturales, proponiendo, al mismo tiempo, una línea política clara, certera y directa: “Por un Confederalismo Democrático en Aragón”. Traducido al castellano común: para luchar contra los problemas estructurales que nos afectan como sociedad, es imperativo crear un poder alternativo o un contrapoder al capitalismo y a su sostén político, el Estado-nación.

Muchas dirán que aquello que proponemos alcanzar, el Confederalismo Democrático en Occidente, es una propuesta utópica y poco “aterrizable” a nuestros territorios. Ante este tipo de proclamas, solo puedo mostrar la mayor de mis disconformidades y contraargumentar que no hay nada más utópico que creer que mediante las herramientas que nos ofrece el Estado-productivista y sus instituciones se podrá construir una sociedad decrecentista, ecosocial o resiliente. La hemeroteca de la ciencia política es el mayor testigo de lo que digo. 

Por todo ello, algunas personas, frente a esas instituciones jerárquicas y poco democráticas, proponemos la creación de una red de consumo y producción que mediante el esqueleto político y el paraguas jurídico que nos ofrece el sindicalismo o las confederaciones sindicales, apostemos por la edificación de un nuevo modelo que nos permita autogobernarnos. Unas nuevas estructuras sociales, políticas y económicas que defiendo en el libro que acabo de publicar de: “Nuevas Institucionalidades, la apuesta organizativa del ecologismo integral”.

El tiempo dirá, pero seguramente y aunque queramos eludir el debate por las dificultades que encierra el mismo, estamos ante una batalla cultural en el escenario político de la izquierda vasca, pero también dentro del ecologismo vasco y peninsular. Algunas nos ofrecen “ecoinstituciones burguesas” o “socialismo de Estado” para paliar las graves crisis en las que nos encontramos inmersas (climática, sociopolítica, sanitaria, alimentaria, migratoria, etc), otras, por el contrario, frente a esta crisis multifactorial, ofrecemos salidas alternativas que partan desde la misma raíz de los pueblos. Un ADN popular, que sin querer mitificarlo demasiado, se enraíza en las prácticas comunitarias y el trabajo colaborativo, elementos ambos dos, fundamentales para construir el Confederalismo Democrático y el Comunalismo en Euskal Herria y en el resto del mundo occidental.

En definitiva, y como llevo defendiendo unos cuantos años y para cerrar este artículo de opinión, a continuación lanzaré la siguiente proclama: ecologistas-sociales, feministas, libertarias y euskaltzales de izquierdas, es hora de crear un encuentro que desde la tierra -con sus cuadros ideológicos, militantes y organizaciones- y para la tierra -entre estas siete paredes- debata sobre la necesidad de articular unas nuevas institucionalidades en Euskal Herria que nos independicen del Estado-Nación productivista y de la modernidad capitalista.

INDEPENDENTZIA OSOA!

BURUJABETZA-EKOLOGIA SOZIALA-KOMUNALISMOA

Iruñea, 8 de septiembre de 2022

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ECOLOGISMO SOCIAL, DEMOCRACIA COMUNAL Y CONFEDERALISMO DEMOCRÁTICO EL PRÓXIMO DÍA 3 DE SEPTIEMBRE EN IRUÑEA

El próximo día 3 de septiembre a las 12:00 de la mañana se llevará a cabo la presentación del libro “Nuevas Institucionalidades, la apuesta organizativa del ecologismo integral” en el espacio autogestionado Matalaz de Iruñea. Tras la presentación, organizada por el colectivo navarro Nafarroa Ekosoziala-Iniciativa decrecentista, se llevará a cabo un pintxo-pote con el objetivo de establecer un debate distendido con el autor.
Hablar de “Nuevas Institucionalidades” implica dialogar sobre la necesidad de construir nuevas formas de entender la relación del ser humano con el medio, la política o la vida comunitaria. Significa tener en cuenta que sin ecologismo social ni decrecimiento, nos espera el abismo, pero también conlleva entender que estas ideas políticas han de conjugarse con otros conceptos liberadores como son el Confederalismo Democrático y la democracia comunal.

¿Por qué es necesario construir políticas ecosociales y decrecentistas en Occidente y en el siglo XXI?

Edificar este tipo de políticas en nuestros pueblos, ciudades y comarcas se convierte en una necesidad absoluta si tenemos en cuenta el colapso climático que vivimos, la grave crisis migratoria que se da en nuestro territorio o el contexto de auge e instauración de los discursos ultraconservadores que vivimos tanto en Occidente como en países del Magreb y Oriente Próximo. Los ataques sistemáticos del Estado turco (miembro de la OTAN) a las comunidades kurdas, son un ejemplo de los intentos, desde posiciones ultraconservadoras, de acabar con una revolución como la kurda, que se apoya en ideas como el ecologismo social, el feminismo y la democracia de base o comunal.

Por otro lado, el decrecimiento como idea política es fundamental porque en un planeta finito es imposible un crecimiento infinito. Esto significa que no podemos seguir comiendo, viajando, trabajando o viviendo como vivimos. Reducir el consumo de alimentos de origen animal, viajar menos y más cerca en el espacio, trabajar menos horas (de 4 a 6) y repartir el trabajo… son cuestiones que debemos incluir en la agenda política actual. En definitiva, debemos deconstruir nuestro modo de vida capitalista y apostar por el ecologismo social con el convencimiento de que podemos ser igual o incluso más felices si nos liberamos de multitud de cargas materiales que nos llenan de frustraciones y deudas. Hacer todo esto, no implica de ninguna de las maneras no señalar a aquellas personas que más contaminan y que más llevan el mundo hacia el colapso: los grandes capitales. Por eso, la perspectiva que se defiende en este libro es ecologista, pero también es de clase, ya que considera que no hay mayor solidaridad entre proletarios que vivir en el Norte de una manera más sencilla y menos consumista con el objetivo de que exista una vida digna para los pueblos del Sur. Con este tipo de actitudes políticas, lo que estaríamos evitando son las migraciones forzosas, facilitando la construcción de sociedades más justas y mejor repartidas. No podemos olvidar en este punto que en un mundo tan desigual como el actual, una vasca nunca podrá vivir como una danesa, ni una senegalesa podrá hacerlo como una vasca.
Los incendios, la sequía, la aridificación de la Península Ibérica, el calor extremo, la contaminación de los suelos y el aire o la modificación del clima que conlleva un cambio en los cultivos, son solo algunas de las señales más evidentes que nos indican que un cambio es necesario y urgente.

¿Por qué es necesario que este cambio se lleve a cabo desde el Confederalismo Democrático y la democracia comunal?

Los fracasos políticos de los verdes alemanes, Syriza, Podemos o la deriva socialdemócrata de la Izquierda Abertzale “oficialista”, nos demuestran la imposibilidad existente de derrocar las injusticias sociales desde el parlamentarismo burgués y las estrategias pactistas, las cuales consideran que podemos conseguir derechos para todas las trabajadoras dentro del marco que representa el sistema capitalista. Decía Öcalan que se podía construir el socialismo sin tomar el Estado, y eso es por lo que abogamos algunas personas de la mano de las enseñanzas comunales que nos aportó Bookchin junto con el trabajo de muchas otras compañeras, como por ejemplo, el de las zapatistas, las que entendieron que en un mundo como el actual no luchar contra sus dinámicas homogeneizadoras, implicaba asumir la desaparición de una gran de parte de las culturas y, por lo tanto, de la humanidad. En este paradigma tan crudo y desolador y en una época de encarecimiento de la vida, pandemias y guerras, no nos queda otra que volver al comunal, al herri batzarre, es decir, a las prácticas comunitarias de democracia radical que hemos vivido en nuestras comarcas y herrialdes. Prácticas de democracia comunitaria que deben ser gestionadas desde unas nuevas instituciones que partan del municipio, la comarca, la federación y la confederación de libre adhesión.

¿Qué se propone en el libro “Nuevas Institucionalidades” para llegar a este punto?

La creación de empleo por y para la clase trabajadora -sin soberanía económica no habrá soberanía política-. Esta construcción mutualista se llevaría a cabo mediante la articulación de redes de consumo y producción que apuesten por el apoyo mutuo entre los diferentes gremios laborales y la organización de estos desde lógicas confederadas. Estas redes de consumo y producción estarían agrupadas bajo el manto jurídico de un Sindicato o una Confederación sindical de aquellos sindicatos existentes que quieran formar parte de este proyecto. La propuesta es clara: lo que se incentiva en este libro es la aplicación del Confederalismo Democrático kurdo en las sociedades occidentales, y en concreto y en este caso, en los pueblos vascos. Para poder llevar a cabo esta propuesta, que puede resultar titánica pero creemos factible de aplicar en nuestro territorio, será necesaria la implicación de todas vosotras para salir de este pozo llamado capitalismo salvaje que nos roba la vida y cada vez nos niega más derechos y libertades.

¿Empezamos?





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FRENTE AL NACIONALISMO ULTRA, NACIÓN DEMOCRÁTICA E IZQUIERDA LIBERTARIA VASCA

Artículo escrito como réplica a los ataques y calumnias ultras recibidas tras la publicación en NAIZ el 11 de agosto de 2022 de mi artículo: “Euskal Herria, un país plurilingüe”.

Toda mi vida he luchado contra los fachas españoles, también, contra su rama más radical: los nazis de España 2000. Esa lucha en muchas ocasiones puso en riesgo mi integridad física y me llevó a más de un proceso judicial. También he sido, siempre y quien me conoce lo sabe, un firme defensor de la autodeterminación de los pueblos y un convencido internacionalista que desde el principio de su actividad política ha cuestionado abiertamente la idea de “España” como un concepto homogeneizador y negacionista de la realidad que se vive dentro de sus fronteras.

Son más de 10 los años el tiempo que llevo viviendo en Euskal Herria, más de un decenio de experiencias y vivencias de todo tipo, algunas buenas y otras no tan buenas, eso sí, todas las he vivido en estas siete paredes. 

El motivo de este artículo de réplica, es aclarar una serie de cuestiones y responder al atropello que he sufrido en redes sociales tras la publicación del artículo en NAIZ: “Euskal Herria un país plurilingüe”. Seguramente, fui un iluso al escribir ese texto, ya que de ninguna de las maneras me imaginaba que esas líneas fueran a provocar tanto revuelo y unas interpretaciones tan malintencionadas. Un alboroto, el provocado por mi artículo, que creo que ha llevado incluso a que Iñaki Altuna, director de Naiz, hiciese unas declaraciones en Twitter explicando en que consistían los artículos de opinión y dejando claro que lo que en ellos se escribe es responsabilidad de los autores.

Me gustaría dejar claro y por resolver cualquier duda, que en ningún momento mi artículo ataca al euskera ni a su uso, en este extracto del texto lo dejo bien claro:

“En palabras de su secretario general, Arnaldo Otegi, «se puede ser vasco sin saber euskara» y es que, de la misma manera –esto lo añado yo– que en Irlanda solamente un 5% de la población adulta habla gaélico y nadie cuestiona su sentimiento irlandés, en esta zona del sur de Europa debería de suceder lo mismo con relación al euskara y al sentimiento de pertenencia. Decir y defender esto no significa que no sea importante y determinante establecer los mecanismos suficientes para que el euskara sea una lengua de amplio uso y en la que una persona se pueda expresar desde Encartaciones a Tudela, pasando por Maule” 

Como bien puede observar la lectora y como dejo palpable en mi escrito, estoy completamente a favor de que se potencie la “lingua navarrorum” y de que todo el mundo se pueda expresar en la misma en todos y cada uno de los rincones del país. También intento en ese artículo -entre otras cosas-, hacer un análisis en torno a la identidad y a la lengua en dos espacios físicos y temporales concretos (EH e Irlanda y el siglo XXI). Ahora bien, pretender sacar de esto un ataque al euskera, aparte de una interpretación errónea, considero que es una falacia en toda regla y una acusación delirante. Son muchos cientos de miles las ciudadanas vascas que no hablan euskera y que se sienten vascas e independentistas y esto, es lo que yo intentaba reflejar en el texto, ni más ni menos. 

También en esas líneas y por apagar cualquier tipo de duda sobre mi ideología, critico de manera firme y tajante el nacionalismo español, lo hago de la siguiente manera:

“Cuando hablo de nacionalismo, hablo del nacionalismo que encarnan UPN, PSOE, PP o Vox en nuestra tierra y es que, ver la animadversión que tienen por el euskara es irritante y a un servidor le provoca rabia y vergüenza el escuchar o leer opiniones tan inmovilistas y tan contrarias respecto a la normalización lingüística que necesita este país y muy especialmente territorios como los de Nafarroa e Iparralde.”

Creo que es indudable (y lo evidencian mis palabras) la ideología del que escribe. De igual modo, escribo sin tapujos ni peros a favor de la normalización lingüística que necesita el país y lo hago dejando evidente mi opinión en torno a la normalización lingüística que necesitamos, especialmente en Nafarroa e Iparralde. En este mismo medio (Naiz) me publicaron el artículo “El modelo educativo navarro, un ejemplo de segregación” donde hablo sobre la realidad educativa de mi tierra de acogida y expreso cuál es mi postura en materia lingüística. Expresaba lo siguiente:

¿Qué podemos hacer para evitar la segregación lingüística en Nafarroa?

Desde mi punto de vista, y para evitar esta segregación que se da con motivo del idioma en que se cursan los estudios, se debería de aplicar un mismo modelo lingüístico en todo el herrialde. Este modelo educativo que propongo debería de ser en un 80% en lengua vasca, dedicando el 20% restante, a la enseñanza del castellano y una lengua extranjera (inglés).

Como muchas paisanas navarras podrán afirmar, defender la idea que expongo en ese artículo “El modelo educativo navarro, un ejemplo de segregación”, se torna un disparate y una imposición para muchas fuerzas políticas que operan en Navarra como Podemos, Izquierda-Ezkerra o el PSN. Creo que es obvio lo que piensa UPN respecto a esta temática, ya que, como bien sabemos, si por ellos fuera prohibirían el euskera.

Eso sí, una cosa es criticar la política lingüística de las fuerzas políticas españolas y otra, muy distinta, no poder discrepar con las estrategias comunicativas o políticas de otras fuerzas vascas como el “Mugimendu Sozialista”. Argumentar que un texto que se escribe para toda la gente de Euskal Herria debería de tener en cuenta las distintas realidades de esta tierra- que también de sus municipios y comarcas-, y que no hacerlo conlleva una estrategia comunicativa, reduccionista y homogeneizadora, en ninguno de los casos implica estar en contra del uso del euskera o de las personas que hablan euskera. Es más y frente a las dudas que hayan podido surgir con el artículo “Euskal Herria un país plurilingüe”, decir que veo con buenos ojos la comunicación monolingüe en euskera en zonas mayoritariamente euskaldunas. Ahora bien, querer hacerlo en Iruña, la Zona Media o la Ribera Navarra creo que no es lo más adecuado y que no se corresponde con la realidad amplia y diversa que tenemos. Para fundamentar esto que digo aporto los siguientes datos:

Según una encuesta sociolingüística de 2016 realizada por el Gobierno Vasco, el Gobierno de Navarra y la Oficina Pública del Euskera en Iparralde ( Euskararen Erakunde Publikoa) solamente un 28,4% de los habitantes de Euskal Herria de 16 años en adelante es capaz de hablar euskera.

Según la VI encuesta sociolingüística de la Comunidad Autónoma de Euskadi el 69,4% de las vascas que viven en la CAV utilizan siempre o casi siempre el castellano.

Digo esto, no porque las cosas tengan que ser así en un futuro, sino porque ahora mismo lo son. Potenciar el euskera y el uso de “euskalkis” es una obligación de todas, eso sí, hacerlo no tiene que conllevar cerrar los ojos ante una realidad que existe, obrar de esta manera implica no salir de los ambientes más euskaldunes y no sumar a más gente a la tarea de normalizar la política lingüística de los siete “herrialdes”, normalización que conseguiremos desde la táctica, el tacto y la estrategia. Dicho esto, mi opinión respecto a las lenguas minorizadas o extintas también es clara cuando en el texto digo lo siguiente: 

Desgraciadamente, algunas variedades del bajo navarro como el aezcoano o el salaceno están prácticamente extintas, peor suerte corre el roncalés, el cual ya está extinto”

Desafortunadamente, esta lengua se perdió en Navarra en el siglo XVII por el impulso, apoyo e imposición del castellano que vino derivado de la conquista del Reino de Navarra.”

Se puede apreciar por los extractos que estoy compartiendo en estas líneas de réplica, de manera clara además, que ya no es que apoye el uso del euskera, sino que, también me lamento profundamente de aquellos patrimonios colectivos vascos que hemos perdido como pueblo, como por ejemplo, el romance navarro.

¿Qué sentido tiene, por lo tanto, que algunos me acusen en las redes sociales de ir contra el euskera, de ser un colonizador o de querer mantener mis privilegios lingüísticos?

En el texto que escribí sobre la realidad plurilingüe que se da en Euskal Herria, solo intentaba poner sobre la mesa la realidad que viven muchas vascas, especialmente en Nafarroa, donde muchos familiares de personas vascohablantes no saben euskera pese a tener un profundo respeto por esta lengua. Por lo tanto, y en lo que se refiere a esto que comento, en las líneas que escribí solo intentaba reflejar una sociedad plural que como tal debe caminar sin perder su mayor reliquia cultural, el euskera.

Dicen que no hay más ciego que el no quiere ver y desafortunadamente, son muchos y muchas las que desde posiciones ultranacionalistas han querido desprestigiar mi texto, poner en mi escrito palabras que yo no he escrito o que simple y llanamente han pretendido hacer leña del árbol caído dejándose llevar por las “lapidaciones públicas” que se dan en redes sociales como Twitter. 

Frente a la intolerancia y los que quieren ver una Euskal Herrria uniforme en el papel que no existe en la realidad y que para ello no tienen problema en dejar atrás a más de medio país, somos muchas las personas vascas de izquierdas que apostamos por una tierra plural y diversa, una pluralidad que nos enriquece como sociedad, ya que ser diversos nos hace ser más tolerantes y creativos. Esto que digo, algunas lo tenemos muy claro al haber leído al “bueno de Bookchin” y apostar públicamente por su comunalismo conjugado con el proyecto político que teorizo Öcalan y que es aplicable a Euskal Herria, me estoy refiriendo al Confederalismo y la Nación Democrática kurda. Nación Democrática que trata de construir, desde la diversidad de etnias y credos, comunidades humanas radicalmente democráticas, con la ecología social y el feminismo como cimientos fundamentales.

Las libertarias vascas no vamos a agachar la cabeza frente a los intolerantes, lleven estos en su mano una ikurriña u otras banderas que pretendan homogeneizar nuestra pluralidad. Una complejidad sociológica que defenderemos desde el internacionalismo y los valores humanistas, independientemente de la lengua materna en la que nos expresemos -extracto del artículo, “Euskal Herria un país plurilingüe”-:

“Desde mi punto de vista, llegar a esta conclusión implica construir un relato de país amplio, flexible y abierto, que intenta integrar y construir desde la diferencia, pero sin olvidar la historia y la cultura común, que contienen otras expresiones de «comunión colectiva» aparte de la lengua como pueden ser: las prácticas comunitarias compartidas, los lazos sociales y toponímicos, la gastronomía, los símbolos comunes o el folklore”.

En definitiva, para muchas de mis amigas libertarias españolas decir lo que decimos y defendemos es nacionalismo vasco, mientras que para las “verdaderas” nacionalistas vascas lo que defendemos les parece colonizador, un ataque al euskera o a la patria vasca grande, uniforme y rígida que pretenden construir. Frente a esto, nosotras desde los cuidados, el comunal, el culturalismo y la pluralidad social, intentaremos edificar los cimientos sobre los que construir una Euskal Herria confederalista y democrática en la que quepa todo el mundo. Todo ello desde la defensa y potenciación del euskera y occitano gascón como lenguas no hegemónicas, lo cual no implica por cierto, ya que la realidad no es blanca o negra, que zonas del país como la Ribera navarra con un amplio porcentaje de hablantes monolingües en castellano, no puedan formar parte de nuestro proyecto con su lengua materna, intentando, siempre desde el consenso, que adoptasen el euskera como segunda lengua. Es más, todas las vascas de Iparralde y Hegoalde deberíamos adoptar el euskera como lengua vehicular entre todas nosotras, independientemente de la lengua que hablemos en nuestros pueblos, comarcas o con nuestras familias.

Iruñea, 14 de agosto de 2022.

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